LASAÑA PARA LOS RATONCITOS DE LA CASA

29 Jul

Tengo de fondo a Louis Armstrong, y cuando canta When the saints go …, me viene a la memoria, la escena de los aristogatos saltando con la cama, de piso en piso. ¿ o quizás sea por lo de los ratones y las capas de pasta, que me recuerdan a una cama? Con esta marcha, cocinar es de lo más divertido.

Este plato es muy práctico, porque se puede preparar con antelación y guardar en la nevera, o incluso congelar. Es nutritivo y si le añadimos 300 gramos de jamón dulce o 250 de bacon constituye un plato único. Hello Do Dolly, Do Do Do Dolly…

 

Lasaña de espinacas a los tres quesos

 

  • 2 paquetes pequeños de placas de pasta precocida, fresca o seca

  • .500 gramos de espinacas

  • 150 gramos de queso feta

  • 200 gramos de queso de tetilla o similar

  • queso emmental rayado para gratinar

  • 1 chalota

  • ½ diente de ajo

  • mantequilla, unos 30 gramos para el relleno y 35 para la bechamel

  • una cucharada bien colmada de harina para la farsa y dos para la bechamel

  • leche

  • sal, pimienta y nuez moscada

 

 

Preparación:

 

Ponemos las placas a remojar en agua caliente unos 20 minutos, o las hervimos si no están precocidas.

En una sartén, de fondo grueso, ponemos la mantequilla y un chorrito de aceite. Pochamos la cebolla y el ajo y cuando se empiecen a dorar, añadimos las espinacas. Una vez que han soltado el agua y se han dorado un poco, echamos la cucharada de harina y la rehogamos. Incorporamos la tercera parte de un vaso de leche y removemos sin parar, hasta que la absorba. Salpimentamos y le añadimos la leche que admita, poco a poco, hasta obtener el punto de consistencia deseado, para que la farsa permanezca sobre la pasta sin caerse. Ni muy ligera, ni demasiado espesa.

Añadimos el queso feta en trozos pequeños, lo dejamos un minuto y apartamos.

En una sartén o cacerola de fondo grueso, ponemos los 35 gramos de mantequilla y cuando se derrita, echamos de golpe las dos cucharadas de harina. Hacemos un rusk, moviendo rápido para dorar un poco la harina y vamos añadiendo poco a poco la leche caliente, removiendo con unas varillas para evitar grumos.

Ponemos dos o tres vueltas de pimienta, un pellizco de nuez moscada y sal y seguimos moviendo, a fuego moderado, durante unos 10 minutos. Seguimos añadiendo poco a poco la leche, hasta alcanzar la textura deseada, que debe ser más espesa que la del relleno. Rectificamos de sal y pimienta y apartamos.

Con el horno ya precalentado 10 minutos a 220 grados, engrasamos una fuente rectangular y vamos montando la lasaña.

 

Una capa de pasta y sobre ella, el relleno de espinacas, rematado por una loncha de queso de tetilla, otra capa… y así 5 o 6 veces, hasta la última que napamos con la bechamel, dejando que caiga por los lados, ponemos el queso emental rayado e introducimos en el horno a 220 grados unos 10, 15 minutos si es precocida o el tiempo que marque el fabricante en caso contrario. En el último minuto, gratinamos y… listo.

 

Frase del día: Un chorizo, acabó por “robarle” el apetito.

Un amigo me contaba, que estando de visita en el Louvre, sintió un apetito espantoso y se fue a la zona de restauración. Ya se sabe que en un museo, con seguridad disfrutarás el arte de la pintura, la escultura…, pero el arte culinario, casi seguro que no.

Estaba él allí, con las tripas cantando La vie en rose y todo lo que veía parecía plastificado y poco apetecible. Nada le entraba por los ojos, ni por la pituitaria, hasta que de lejos…vió una gran paella y para allá se fué.

Que decepción cuando al acercarse, aquello se asemejaba a un frito de chorizo, con arroz y caracoles, que parecían querer huir desesperados, de aquel tumulto de ingredientes aceitosos y dispares.

Nuestro chorizo, goza de una tremenda aceptación en varios países europeos, algo comprensible, cuando se trata de una pieza de buena calidad.

En el cocido madrileño. En un buen guiso de patatas, en un delicioso bocata y hasta integrado en una tortilla española. Pero, por favor…¡en la paella no!

Mi amigo, cuando salió del Museo, se tomó dos deliciosas raciones de ensalada, acompañadas de un magret de pato y de postre otras dos, de creme bruleé, que le hicieron por fin suspirar de placer.



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