MASCARPONE Y DON MANGO BAILARON UN TANGO

3 Oct

Aún recuerdo la sensación que experimenté en una visita al Louvre, cuando al entrar en el Salón Leonardo da Vinci, encontré frente a mí “El hombre del guante”. Era la segunda vez que lo veía y en un país y un museo diferentes. Sentí como si me reencontrara con un viejo amigo.

Mis ojos se posaron por primera vez en él, en Madrid. Era una exposición temporal de Tiziano en la que se mostraban más de 60 cuadros, que dispersos por museos de todo el mundo, se reunían durante unos meses en la Nacional Gallery, y más tarde en el Museo del Prado.

Pude disfrutar de todos los cuadros de Tiziano. Me encantó la Venus de Urbino,  sus retratos, sus temas religiosos…, pero el hombre del guante me cautivó más que ningún otro. Al mirarlo con detenimiento tienes esa sensación de misterio, un secreto que el gran pintor ha querido mostrarnos en su cuadro, y al final… con un guiño malicioso ha decidido guardarlo para sí.

El hombre del guante es tan sencillo como exquisito; el misterio que rodea al protagonista, de quien sólo se sabe que era de clase acomodada por sus ricas ropas. La mirada y las manos van a la derecha, la misma dirección que señala el dedo extendido de su perfecta mano desnuda. Una está enguantada y sujeta el guante de la otra. La mirada, abstraída en sus propios pensamientos parece ausente y llena de fuerza a la vez. La luz, que no se puede apreciar bien en la fotografía, es maravillosa.

Lo importante al observar un cuadro o cualquier manifestación de arte, no es ser un experto en el tema, lo esencial es aquello que te trasmite. Solo necesitamos algo tan sencillo como sentir, emocionarse incluso sin llegar a comprender la técnica.

Es cierto que si aprendemos algo de cada época, el color, la técnica empleada, el difuminado…, con el tiempo volvemos a ver ese cuadro y nos sorprendemos de la cantidad de detalles que nos han pasado inadvertidos. Pero también es una realidad que los expertos en cualquier rama del arte, están tan condicionados por sus  conocimientos que a veces soñarían con poder “sentir” un cuadro, como lo hacían cuando se dejaban llevar por las sensaciones.

Estoy convencida de que la mayoría de los grandes pintores, se sentirían realizados al comprobar los sentimientos que provocan sus obras en muchas personas que apenas tienen nociones de arte. Pintores como Delaroche, que disfrutaron de el entusiasmo del público y sufrieron la incomprensión de los técnicos, conservadores y demás “expertos”.

He aquí la historia  de un maravilloso cuadro. “La ejecución de Lady Jane Grey” , que fue reina de Inglaterra durante sólo nueve días y que después de ser injustamente acusada de alta traición, fue condenada a morir decapitada con sólo 16 años.

La “Ejecución de Lady Jane Grey”, fué el mayor éxito del pintor francés Paul Delaroche, que eclipsó por momentos a pintores tan representativos del romanticismo como Ingres o Delacroix.

En la década de 1.820-30, Inglaterra estaba de moda, sobre todo por la influencia de las novelas de Walter Scott. Este interés se vio incrementado por los paralelismos que se trazaron entre los recientes acontecimientos franceses (La revolución) y los relatos turbulentos de los Tudor, los Estuardo y la Guerra Civil.

Cuando Delacroix colgó su gigantesco cuadro, de 2,51 x 3,02 m, en el Salón de 1.834 en París, las crónicas hablan de emotivas escenas y arranques de histeria.

Eran las primeras décadas del siglo XIX en pleno Romanticismo, la época de los cuadros históricos de grandes dimensiones, con colores sobrios y una gran minuciosidad en los detalles. Pero también es propio del Romanticismo, la exaltación de los acontecimientos con la intención de idealizarlos, y es aquí donde al igual que otros pintores de la época, Delaroche, recibe tantas críticas por su obra, siendo las más demoledoras las que hacen referencia a este cuadro.

Los expertos lo tachan de sentimentalista, de ser una representación demasiado idealizada y poco consecuente con la realidad, de ser un espectáculo más que un cuadro histórico…, pero todos coinciden en una cosa evidente, técnicamente es…perfecto.

El soberbio cuadro es una composición abierta, y en el centro llena de luz, se haya la figura de Lady Jane Grey, vestida de blanco para resaltar su pureza e inocencia.  Delaroche que se jactaba de haberse documentado, hasta el punto de visitar la Torre de Londres, lugar donde fue ejecutada la reina, cambia los detalles a su antojo,( algo que le reprocharán los expertos hasta nuestros días) para idealizar la realidad de los hechos. Por ejemplo es bastante improbable que su vestido fuera blanco, por el hecho de estar casada. El detalle de su pelo suelto era inusual en las decapitaciones. Casi con seguridad, Delaroche sabía que hubo más testigos en el momento de la ejecución, y que seguramente Lady Jane fue decapitada en el exterior, pero colocarla entre paredes le daba un aire más opresivo al cuadro.

Ni siquiera está claro si llevaba los ojos vendados o no. Definitivamente Delaroche no dejó que la historia se interpusiera en sus propósitos.

La pintura es grandiosa, la minuciosidad en el detalle, el dominio de la luz tan nítida y brillante son los que determinan la belleza del cuadro.

Sin embargo, sobre todo lo anterior está la propia figura de la protagonista, tratada con tanta  delicadeza por Delaroche, que parece que él también se hubiera enamorado de esta joven tan bella como infortunada.

Pero volvamos al principio de la historia por unos momentos. Después del éxito que  el cuadro tuvo en el salón de París, para desconsuelo de sus fans, el coleccionista de arte Anatole Demidoff lo compró y se lo llevó a la Toscana. El cuadro pasó después por diversos propietarios británicos hasta ser donado a la Nacional Gallery en 1.902.

Allí, por increíble que  parezca, fue desterrado a unos sótanos, que en 1.928, quedaron anegados por el desbordamiento del Támesis. La Ejecución… se colocó en una lista de obras dañadas que no merecían restauración, por carecer de importancia artística. En efecto, desde mediados del XIX, Delaroche era exponente del más vilipendiado de los “ismos” el Academicismo. Se le alababa la técnica, pero se le denostaba por su falta de personalidad, por su facilón sentimentalismo. Tal fue el olvido en que cayó el lienzo que en los cincuenta se lo inventarió como “destruido”.

En 1.973, un joven conservador descubría, para embarazo general, que el Delaroche había estado todo el tiempo en el museo.

Dos años después se exhibía en la Nacional Gallery como “curiosidad”. El ensayo que acompañaba a la pieza ponía a caer de un burro al artista: ” Un charlatán que merece su actual oscuridad. La única cuestión es dilucidar porque fue tan famoso en su día”.

Poco se imaginaba el autor, el conservador jefe, (uno de los muchos “expertos” que hay por el mundo del arte) que la pieza se convertiría en un total éxito del público, como lo había sido en el Salón Parisino, siglo y medio antes.

La joven reina, (tenía sólo 16 años) con total desamparo busca a tientas el tocón donde caerá el hacha. Sus damas de compañía, que desesperadas e impotentes por el destino que correrá su señora, se dejan caer sin llegar a creer lo que está sucediendo. El anciano, que posiblemente fuera la jerarquía más alta de la Torre, intenta dar consuelo a la pobre Jane. La indefensión que proyecta, la pureza de corazón que se intuye. Incluso el verdugo refleja pesar en su gesto.

Los detalles perfectos en su ejecución, como la paja bajo el tocón o el cojín sobre el que se arrodilla, el rosario que sostiene su dama de compañía o la figura del anciano, cuya voluminosa capa aumenta la sensación de fragilidad de la infortunada Jane. La forma en que el verdugo sujeta el hacha, casi como si la fuera a dejar caer, para ir a consolarla él también….

Todos y cada uno de los detalles de la obra ha sido cuestionado por los expertos, que llegan a calificar el lienzo de  “hollywoodiense”, comparando con una representación teatral la finalidad de este cuadro histórico, pero…¿acaso nos importa la opinión de todos ellos?.

Lo que cuenta, es que el Parquet de la sala que alberga al lienzo, es cambiado cada pocos meses debido al desgaste producido por las cientos de visitas que recibe. Por encima de cuadros como la “Venus del espejo” de Velázquez o “el retrato Arnolfini”,  de Jan Van Eyck, que son exquisitos y una de las mayores atracciones del Museo.

Yo os recomiendo que si tenéis la suerte de ir en breve a Londres, os acerquéis un día entre semana, y sentados unos minutos frente al cuadro, os dejéis llevar…, lo miréis y lo miréis, y libres de toda objetividad, disfrutéis de las sensaciones.

De Lady Jane Grey, llamada por muchos ingleses ” the nine day queen”, de su corta pero apasionante vida, hablaremos un día en este blog.

Magdalenas de queso mascarpone  y mango

Ingredientes:

  • 225 gramos de harina
  • 200 gramos de queso mascarpone o cremoso
  • 200 gramos de azúcar
  • 65 gramos de mantequilla
  • 4 huevos grandes
  • 1 sobre de levadura en polvo
  • 120 gramos de mango en almíbar o fresco
  • 2 cucharadas del almíbar

Para la glasa:

  • 150 gramos de azúcar glas
  • 1 clara de huevo
  • El zumo de 1/2 limón

Preparación:

Tamizamos dos veces, la harina con la levadura.

Batimos los huevos con el azúcar y añadimos dos cucharadas del almíbar de la lata de mango. Añadir el queso fresco y la mantequilla en pomada y seguir batiendo para que se deshagan bien.

Incorporar la harina tamizada con la levadura, en forma de lluvia, poco a poco hasta que se hayan integrado todos los ingredientes.

Llenar una manga con la masa y dejar reposar en el frigorífico, 20 minutos. Transcurrido ese tiempo proceder a rellenar los moldes de la siguiente manera:

Rellenamos con la manga un poco menos de la mitad de los moldes.

Ponemos encima de la masa, trocitos de mango y tapamos con un poco más de masa, dejando un espacio sin rellenar porque subirá durante la cocción.

Espolvoreamos con azúcar y metemos a horno precalentado a 170-180º, unos 20 minutos o hasta que hayan subido y estén doradas.

Hacemos una glasa con 1 clara de huevo batida, 150 gramos de azúcar y el zumo de medio limón, tiene que estar más bien espesa. Hacemos dibujos con ella sobre las magdalenas.

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2 comentarios to “MASCARPONE Y DON MANGO BAILARON UN TANGO”

  1. Lucy 3 octubre, 2010 a 13:24 #

    Mami! pero que buena pinta tienen esas magdalenas…guardame alguna para el finde que viene:) un beso grande! sigue asi con el blog

    • Siéntate en mi cocina 3 octubre, 2010 a 19:21 #

      Que bien que te tendré aquí en 5 días cariño. Te quiero.
      No las guardaré porque se pondrían duras, te haré una docena si quieres para tí sola.
      Un beso muy grande.
      Tu madre.

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