BIZCOCHO TIERNO DE CHOCOLATE, MIENTRAS DISFRUTAS DE UN AMARGO MATE

11 Oct

Según la leyenda de “Popol Vuh”, el libro de la génesis maya, la primera bebida del cacao era de origen divino. Fue elaborada durante la unión de Hun Hunahpu, con una virgen de Xibalbá. Los señores de Xibalbá, habían decapitado al infortunado Hunahpu y colgado se cabeza de un árbol seco.

Entonces milagrosamente el árbol dió frutos: mazorcas de cacao. La virgen habló a la cabeza del héroe, quien le escupió en la mano, lo que implicó su milagrosa fecundación. Posteriormente la bebida del cacao pasó a formar parte de los contactos preliminares del matrimonio.

Los niños mayas eran purificados en una ceremonia similar al bautismo de los cristianos. Con una rama que se mojaba en agua pura de una fuente mezclada con flores y cacao.

Los aztecas que nunca cultivaron el cacao, ya que siendo nómadas les costaba aclimatarse al frío de los altiplanos donde se daba el árbol del cacao, sí fueron sin embargo consumidores incondicionales de la bebida de chocolate que constituía un privilegio de casta.

Sólo los nobles y los guerreros, tenían derecho a gratificarse con frecuencia del delicioso brebaje calificado como “tlaquetzalli”, ( producto muy valioso ). El cacao, una mercancía entonces escasa, se transportaba hasta la capital de “Tenochtitlán”, la futura México, a hombros de personas a lo largo de centenares de kilómetros, desde los lejanos vergeles de Tabasco o de Soconusco.

A principios del siglo XVI, en la mesa de Moctezuma II, el último y el auténtico emperador del Imperio azteca. Tras concluir una abundante y variada comida, era habitual servir una calabaza previamente vaciada y seca, repleta de preparaciones a base de habas de cacao. Aromatizadas con vainilla, flores, semillas rojas de achiote y pimienta, a veces con miel o incluso setas alucinógenas. Como último refinamiento siempre se servía seguido de un puro cuidadosamente enrollado. De ese modo Hernán Cortés fue iniciado en la bebida ceremonial durante la conquista de México en 1.519.

El árbol del cacao es de tal belleza que a veces se cultiva también como árbol ornamental. Vive entre 40 y 100 años y cada año produce entre 10.000 y 20.000 minúsculas flores, blancas o rosadas, de las cuales sólo un 1% llega a fructificar.

Sobre su fino tronco y en las ramas principales crecen directamente unos frutos grandes y brillantes de color amarillo, verde, rojo o violeta. Se llaman mazorcas o maracas, debido a su forma alargada. Cada mazorca contiene unos cuarenta granos. Aparecen agrupados en una espiga, como los granos de maíz.

Desde siempre, el cacao ha sido un árbol delicado. Requiere un calor húmedo, entre 24 y 28ºC, y un mínimo de 1500 mm de lluvia distribuida de una forma regular a lo largo del año. Rechaza tanto los intensos vientos como el sol directo, que quema su follaje. En cambio para curiosidad, acepta tener las raíces en el agua, en cuyo caso el cacao se recolecta en piragua.

Los antiguos mayas y, más tarde, los españoles, que los imitaron, cultivavan los cacaos debajo de árboles más altos y resistentes, las madres del cacao. A menudo leguminosas que protegían a los cacaos bajo su copa y los alimentaban con el excedente de nitrógeno que desprendían. Esta forma de cultivo aún se practica, sobre todo en las plantaciones ecológicas.

Como curiosidad decir que el achiote, árbol pequeño cuyos frutos contienen unas semillas que constituyen un poderoso colorante, era añadido al cacao por los mayas y después por los aztecas, para dar al brebaje el color de la sangre, símbolo del alma y la vida. La mazorca que contiene las semillas del cacao se denomina corazón-sangre en náhuatl, la lengua de los aztecas.

Hoy día el achiote, con notas de tomate seco, se utiliza como especia en la cocina mexicana y antillana, sobre todo con el pescado.

Actuálmente ya no tiñe el chocolate, sino la corteza anaranjada de algunos quesos holandeses.

Bizcocho tierno de chocolate negro:

Ingredientes:

  • 180 gramos de chocolate negro, 60%  de cacao
  • 100 gramos de mantequilla
  • 75 gramos de azúcar en polvo
  • 15 gramos de harina de trigo
  • 5 huevos
  • 30 gramos de cacao en polvo

Preparación fácil:

1 Precalentamos el horno a 180º.

2 Fundimos el chocolate troceado junto a la mantequilla en el microondas, 100% de potencia durante 30 segundos.

3 Untamos un molde de bizcocho con mantequilla, lo espolvoreamos de harina y sacudimos el exceso.

4 Separamos las claras de las yemas y batimos las yemas con 30 gramos de azúcar sin hacer espuma.

5 Montamos las claras a punto de nieve con los 45 gramos de azúcar restante.

6 Mezclamos las yemas batidas con la el chocolate y la mantequilla derretidos e integrados. Por último incorporamos a la preparación anterior, las claras a punto de nieve con movimientos envolventes de arriba hacia abajo. Metemos al horno hasta que haga una costra dura en la superficie sin quemarse, y al meter la punta de un cuchillo salga limpia.

Podemos acompañar de helado de nata o vainilla, o avellana, también le va muy bien el de pistacho.

Yo lo voy a tomar con un rico mate.

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