CRUMBLE DE CHOCOLATE BLANCO CON MANGOS, TUS SUSPIROS SE HARÁN LARGOS

11 Dic

Mientras suena de fondo “In the Mood” pensaba en Glenn Miller, la figura más duradera de la era del swing;  y sin lugar a dudas el creador de un sonido único e inimitable que ha perdurado hasta nuestros días.

Este extraordinario músico; arreglista, compositor, director de orquesta y gran trombonista, nace en Iowa, aunque vive en varios lugares del Medio Oeste durante su infancia. Es en Tryon (Nebraska), donde Miller descubre su vocación musical, al regalarle su padre una mandolina. Tras rasgar durante algún tiempo sus cuatro cuerdas, la cambia por un corno (un instrumento derivado del oboe)  y hace así su primera incursión en el viento-madera.

En  1.915 se traslada con su familia a Missouri. Se une a la banda del pueblo y empieza a tocar el trombón, cuya técnica había comenzado a estudiar meses atrás. Miller, con apenas 11 años, ha comenzado ya (sin saberlo) su largo y difícil camino hacia la cumbre.

Se gradúa en 1.921 en la escuela secundaria de Fort Morgan (Colorado), donde había formado una banda con algunos compañeros de clase. El último año había empezado a interesarse por un estilo musical llamado “grupo de música de baile”. Aunque se matricula en 1.923 en la Universidad de Colorado, Miller ya había tomado la decisión de ser músico profesional.

Después del fracaso en su primer semestre de Universidad, debido a que cambiaba las horas de clase por audiciones y conciertos, Miller abandona los estudios para dedicarse en cuerpo y alma a su carrera musical.

Continúa explorando las raíces del Jazz y toca en varias bandas hasta que es contratado como trombonista para la orquesta de Ben Pollack, (que contaba también con un músico casi desconocido, Benny Goodman…) donde tiene la oportunidad de escribir algunos arreglos, y co-escribir su 1ª composición; “habitación 1411”, junto a Benny Goodman.

En 1.928 cuando la banda llega a Nueva York, se casa con su novia de la Universidad, Helen Burger ( Está claro que aprovechó bien el poco tiempo que asistió a la Universidad ). En los siguientes tres años, Miller trabaja como freelance trombonista. También toca en las “bandas de foso” de dos espectáculos de Broadway. Toca y hace arreglos para los hermanos Dorsey, (que por aquel entonces contaban con un joven cantante llamado Bing Crosby) y trabaja para varios programas de radio.

Estamos a principios de los años 30, y después de la depresión de 1.929 la gente quiere olvidarse de los tiempos duros. Es una época en la que van a empezar a formarse las famosas “Big Band”  (o grandes orquestas) que dominarán los rankings de música popular en la década de los 30 y la primera mitad de los 40.

En 1.935 conoce a Schillinger (asesor de algunos de los principales músicos de EEUU, como Tommy Dorsey o George Gershwin; y cuyas ideas fueron tratadas con escepticismo por la mayor parte de los críticos) y estudia su método.

Su técnica para cubrir 3, 4 o ilimitadas combinaciones de melodías, fue empleada por Miller en algunos de sus temas. Y es bajo su tutela cuando Miller compone  “Moonlight Serenade”. (Debo decir que pesar de que aún hoy, las ideas de Schillinger siguen siendo tratadas por muchos, como “complejas” y “oscuras”, no cabe duda de que influyeron de una forma positiva en la carrera musical de Miller)

Este mismo año, 1.935, Ray Noble, famoso director de orquesta británico, le encarga organizar una banda de swing. Miller compila varios arreglos musicales y forma la banda usando 6 instrumentos de viento, una batería y un cuarteto de cuerda, pero no tiene éxito, porque no se distingue de las otras muchas de la época, y finalmente se deshace.

Desalentado regresa a Nueva York. Allí se da cuenta que necesita un sonido único para sobresalir entre todas las BigBand existentes, y decide jugar una sola línea, con el clarinete y un saxo tenor en la misma nota, mientras que otros 3 saxofones armonizan en una sola octava… Y ocurre el milagro; con esta combinación de sonidos nuevos, Miller había encontrado la forma que lo diferenciaba en el estilo de las demás bandas…, había creado “el sonido Glenn Miller”.

Decide ya en 1.938 crear su propia BigBand, su primer gran éxito es “Moonligh Serenade”, y un contrato en el Casino de Glen Island, en New Rochelle (New York), le abre las puertas a una carrera triunfal. La orquesta adquiere una popularidad tremenda en Estados Unidos, ayudada por la emisión de sus actuaciones en un programa radiofónico que es escuchado de costa a costa del país, y es patrocinado por la marca de cigarrillos, Chesterfield.

La banda firma un contrato con la RCA, mediante el cual grabará más de 250 temas en tres años y medio; lo que la confirma como una de las más grandes bandas de swing de la época. Pero…, paralelamente a su ascenso meteórico, en Europa estalla la guerra.

En 1.942, tras el ataque a Pearl Harbour, Miller, al igual que miles de norteamericanos, decide unirse al esfuerzo de la guerra. Con 38 años, es demasiado mayor para ser aceptado como voluntario para la Marina de Guerra, y le dicen que no necesitan sus servicios…

Miller escribe entonces al general Charles Young, y convence al Ejército de Estados Unidos a aceptarlo, para en sus propias palabras, “ponerse a cargo de una modernización de la banda del Ejército”.

Después de ser aceptado en el Ejército, la banda de Miller da su último concierto en Nueva Jersey, el 27 de septiembre de 1.942.

El capitán Glenn Miller forma inicialmente una gran banda de música que va a ser el núcleo de una red de orquestas de servicio. En sus intentos de modernizar la música militar, hace arreglos que combinaban el blues y el Jazz con la marcha militar tradicional, lo que da un aire mucho más alegre y fresco a las viejas piezas militares. Tras varios meses de servir al Ejército en su país, y ya como, “mayor Glenn Miller”, parte para Europa con su “Glenn Miller Army Air Force Band” ya formada.

En Europa ofrece más de 800 conciertos en menos de 1 año, que amenizan la vida de los soldados en los campamentos. Las grabaciones de la banda se difunden como propaganda a favor de la Oficina de Información de Guerra. Muchas canciones son cantadas en alemán por Johnny Desmoond, y Glenn Miller habla en alemán sobre el esfuerzo de guerra.

Después de haber formado parte de la vida de la mayoría de los estadounidenses y británicos durante casi un año, el trombonista más popular del mundo, tenía programado un tour de 6 semanas en París y otras ciudades europeas. El 15 de Diciembre de 1.944  subió junto al piloto y otro militar, a un avión modelo Norseman C-64  con destino a París, donde le esperaba el resto de la orquesta…, pero el avión junto a sus ocupantes, nunca llegó a su destino. A pesar de semanas de búsqueda, nunca apareció ni un trozo de fuselaje en las frías aguas del Canal de la Mancha.

Hay varias teorías a cerca de la trágica desaparición de Glenn Miller. Algunas tienen cierta lógica y es posible que se puedan acercar a lo que quizás ocurrió aquel fatídico día. Ciertas conclusiones son fruto de un interés puramente comercial. Y otras parecen sacadas de una novela negra de segunda clase.

Aunque en mi próxima entrada os hablaré de ellas, para mí, lo único verdaderamente “demostrable” y la “auténtica realidad” de aquel 15 de Diciembre de 1.944, es que el mundo perdió a un gran músico. Y estoy convencida, aún sin haber tenido la suerte de conocerlo, de que también perdió a una gran persona.

Crumble de chocolate blanco con mango

El Crumble es un postre inglés que quizás deba su origen al racionamiento que sufrió Inglaterra en tiempos de guerra.

Quizás el más famoso sea el de manzanas, porque es una fruta abundante en el país y durante las restricciones no tuvieran problema para obtenerla, así como la mantequilla. Sin embargo el azúcar o la harina eran más escasas y este postre las lleva en cantidades pequeñas…, tiene su lógica desde luego, aunque lo importante no es saber con seguridad cuando se originó, sino que hoy existe y todos podemos probarlo pues es delicioso.

Este rico postre tiene una base de frutas, que suelen ser ácidas como: fresas, moras, uvas, ruibarbo, manzanas… y se acompaña de natillas, cremas, etc; todo ello cubierto por las deliciosas “crumbles” (migas), que dan el punto crujiente al conjunto.

Yo he dado acidez al mango y al dulce chocolate blanco, añadiendo la piel de dos limas ecológicas.

Ingredientes para la masa de crumble:

  • 50 gramos de mantequilla a punto de pomada
  • 50 gramos de azúcar en polvo
  • 50 gramos de almendras molidas
  • 50 gramos de harina
  • 1 pizca de flor de sal

Preparación de la masa:

Preparamos los ingredientes, y metemos la mantequilla en microondas a 700 de potencia, unos 20, 30 segundos para ponerla en pomada.

Ponemos en un bol la mantequilla

Añadimos el azúcar glas

Las almendras molidas, la sal y la harina tamizada

Amasamos, sólo con la punta de los dedos, hasta tener unas migas del tamaño de media nuez, o de varios tamaños si nos gusta

Una vez obtenidas las migas, sin amasar mucho, las reservamos 1 hora en la nevera, tapadas con film.

Mientras reposan las migas en la nevera, preparo los ingredientes de la guarnición.

Ingredientes de la guarnición:

  • 3 mangos grandes maduros, o una lata de kilo, de mango en almíbar
  • La piel y el zumo de 2 limas sin tratar (o puestas en agua hirviendo por un minuto)
  • 40 gramos de azúcar de caña
  • 180 gramos de chocolate blanco de buena calidad
  • 15 cl de nata líquida
  • Una pizca de clavo de olor en polvo

Preparación de la guarnición:

Preparamos los ingredientes

Cortamos el mango en trozos grandes y lo ponemos en una sartén grande, e incorporamos el azúcar moreno, el zumo de lima y la rayadura de 1/2 lima en trozos muy pequeños.

Dejo que caramelice y lo aparto del fuego. Lo pongo en el fondo de una tartera o molde donde quiero servir el crumble.

Llevamos la nata a ebullición con la ralladura de lima.

Derrito el chocolate en el microondas con una cucharada de leche y le incorporo la nata caliente en tres veces, removiendo a la vez.

Distribuyo la crema sobre el mango

Saco las migas de la nevera y las pongo en una bandeja de horno, sobre papel de hornear, en el horno precalentado a 170º, durante 10 o 12 minutos, hasta que tengan un bonito color y estén crujientes, y las dispongo sobre la crema de mango y chocolate blanco.

Este postre es sin lugar a dudas una verdadera delicia. Animaos y ya me contaréis.

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