SUSHI CON TEMPURA DE LANGOSTINOS ESBELTOS Y FINOS

19 Abr

Hola queridos amigos.

Durante el mes de Febrero elaboré recetas “extra” con el fin de disponer de más tiempo tras la mudanza. El “Sushi con tempura” esperaba para salir tras la receta de las torrijas, pues lo tenía prometido desde que elaboré los “California Maki Roll”. La historia que lo acompaña hace honor a su país de origen, Japón.

Cuando la escribí no había ocurrido el grave terremoto y el posterior tsunami, en la región de Tohoku, que es el que ha dejado quizás las más terribles consecuencias.

A las miles de vidas perdidas y  personas desaparecidas, hay que sumar las decenas de miles que han perdido todo cuanto tenían.

Como siempre que ocurren catástrofes de estas dimensiones, la mayoría de los países cooperan enviando ayuda material y humanitaria. ( Más abajo os doy la dirección de la página oficial de la embajada de Japón en España, para aquel que quiera visitarla y mandar un donativo a través de una linea segura y fiable).

Si bien estas ayudas son tan necesarias como agradecidas por los japoneses, hay heridas que tardarán en curar. Heridas que producen profunda tristeza y necesitarán tiempo y coraje para ir sanando poco a poco. Y aquí es donde la filosofía de esta nación nos llena de admiración; con su entereza, su calma a pesar del sufrimiento, y su fortaleza.

Los valores de la sociedad japonesa han salido a flote, en una situación tan inesperada e implacable como es a veces la fuerza de la naturaleza. La templanza con la que están llevando unas circunstancias tan difíciles y tristes son un ejemplo para muchos de nosotros.

El formidable carácter japonés me ha llevado a reflexionar sobre la filosofía de una sociedad, cuyos pilares son más ancianos que los samuráis o los viejos templos budistas y sintoístas que se reparten por toda la nación.

Meditando sobre ello, he buscado un pequeño libro de leyendas y cuentos japoneses, que me regalé hace unos meses. Son antiguas historias, regadas de sabiduría, que se transmitieron oralmente durante siglos, antes de ser inmortalizadas en papel, entre los siglos VIII y XII . (La era Heian)

Después de cerrar la pequeña tapa he decidido que guardaré la interesante historia sobre el Japón actual para más adelante, y en su lugar escribiré un cuento. La historia (monogatari) saldrá de mi imaginación, pero tendrá un argumento basado en los valores y los patrones estéticos, que se ven reflejados en las leyendas japonesas que he leído, y que me han hecho comprender porqué este país siempre ha sido y será “El Bello País del Sol Naciente”.

A modo de introducción, me he permitido explicar el significado de algunos  conceptos, así como los valores que constituyen la esencia de estas historias.

*Jizo es el dios de los niños y los caminos, y guía de las almas en el tránsito al Más Allá, es un bosatsu. Los bosatsu son seres que han renunciado al Nirvana para ayudar a la gente a alcanzar la iluminación.

*Kannon es la diosa de la misericordia.

*Mochi, Son unas bolitas dulces de arroz, que se elaboran para festejar el Nuevo Año.

*El respeto. La veneración y el respeto hacia los padres y ancianos, que representan la sabiduría y la experiencia terrenales. El respeto hacia todos los seres humanos y a los seres vivos.

*La seda. Los trajes de las mujeres de la época, (Kimonos) de la mejor seda, crujían suavemente con el delicado movimiento.

*El zorro, como otros animales, es un ser mágico. Su poder aumenta con el paso del tiempo, llegando al máximo cuando cumple mil años, entonces se le llama “zorro de nueve colas”. Su papel puede ser tanto maléfico como benéfico en las historias.

*La educación.Forma parte del respeto, y lleva implícitas unas normas y costumbres a seguir. Por ejemplo: Está mal visto extender un dedo para señalar algo. Sólo si es necesario se indica el lugar referido extendiendo la palma de la mano con el pulgar hacia dentro. Hay algunas normas de educación que nos pueden resultar chocantes si desconocemos su significado, por ejemplo: Sorber ruidosamente la sopa es señal de buena educación porque indica que te resulta sabrosa.

*La generosidad.  Es una de las mayores virtudes de Toyonari (el protagonista).

*La humildad.  El poco apego a los bienes materiales. Encontrar los verdaderos valores de la vida.

*La importancia de la familia. El amor que ayuda a mantener los pies sobre la polvorienta tierra.

*La sabiduría. Es haber encontrado el verdadero sentido a nuestra existencia, el valor que engloba a todos los demás…, y el más difícil de alcanzar.

La montaña de los cuatro Jizo (Primera parte)

La mañana amanecía glacial y gris. Toyonari se levantó de la mesa después de tomar un cuenco de té caliente para engañar el hambre. El día anterior, había decidido ir al pueblo para vender lo único que poseía; unos haces de leña.

Le apenaba pensar que su familia no tendría con qué encender la chimenea. El invierno estaba siendo duro y la casa era fría, pero necesitaban alimento y si conseguía cambiar la leña por arroz no morirían de hambre.

Dio un beso a sus dos hijos y se agachó para que su anciana madre le besara en la frente y bendijera su viaje*. Su esposa Kumiko salió a la puerta. Sentía angustia por él; el camino era largo y peligroso cuando había tormentas de nieve. Se inclinó a modo de despedida, sin que sus viejas ropas crujieran*, el la abrazó y prometió que volvería antes de medianoche.

Juntó toda la leña, la cargó como pudo a su espalda y se dispuso a partir. Debía llegar al mercado antes del mediodía, porque a esa hora todos se marchaban a comer.

Llevaba andando unas dos largas horas, cuando se encontró con un pequeño zorro rojo* de mirada astuta.

¿Adonde vas con este frío y cargado hasta los tobillos?, preguntó el gracioso zorro. Voy al pueblo y llevo mucha prisa, contestó Toyonari.

¿Me podrías llevar contigo?, iba en esa dirección pero me he lastimado una pata y no puedo casi andar sobre la nieve.

¿Bromeas?, ¿no ves que llevo todo el peso que soy capaz de soportar y si te cojo me será imposible dar un paso más?.

Te haré compañía y tu camino se  hará más ameno, dijo el zorro. Además, si me subo en una de tus botas casi no lo notarás. Llevo horas aquí medio helado y nadie pasa por este camino. Por favor, ¡moriré de una forma atroz si no me llevas contigo!.

Toyonari compadecido adelantó el pie izquierdo y de un salto el zorro se instaló sobre la bota que lo cubría. De inmediato sus piernas recobraron vigor y ligereza, pero la preocupación le hizo pensar en otras cosas.

Durante un buen rato ninguno despegó los labios. El bueno de Toyonari iba centrado en sus pensamientos; si consigo cambiar parte de la leña por arroz y con la otra parte voy al templo y la vendo a los monjes, quizás pueda conseguir una gallina. Al menos tendríamos algunos huevos para mis hijos.

Tan ensimismado se encontraba que no se dio cuenta de que había perdido un haz de leña. Cuando fue consciente de la pérdida era demasiado tarde para intentar volver a buscarla.

¡Que mala suerte la mía!, se lamentó, si doy la vuelta me arriesgo a encontrar el mercado vacío. Tendré que conformarme sólo con el arroz, ¡que mala suerte!.

¿Porqué te lamentas?, le preguntó el zorro. Seguramente con la carga tan grande que llevabas no hubieses podido llegar ni a la mitad del camino. Será una suerte que puedas soportar el peso que llevas ahora.

Tiene razón, meditó Toyonari, creo que me cegó la necesidad. Es ahora con la mitad de la leña y casi no puedo…, ¡Y aún falta un buen rato para llegar al pueblo!. Si atajara por el viejo túnel de la montaña ahorraría tiempo.

El zorro viendo que Toyonari abandonaba el camino, le preguntó: ¿Porqué nos desviamos?, podríamos perdernos en la nieve y jamás nos encontrarían.

Vamos por el viejo túnel de la montaña.

¡El viejo túnel!, exclamó el zorro. ¿ Has oído que la montaña está encantada desde que desaparecieron los cuatro Jizo*?.

Es la única forma de llegar a tiempo al mercado. Así lo he decidido y así lo haré.

El zorro sonrió con astucia pero no dijo nada. Se agarró aún más fuerte a la pierna de Toyonari y poniéndose la cola a modo de abrigo, se quedó dormido.

De nuevo, Toyonari sintió más ligeras sus piernas, y a pesar del gélido viento y el ruidoso sonido de sus tripas, el amor a su familia le daba ánimos. Imaginaba que llegaba a casa cargado de mochi* para sus hijos, un precioso Kimono de seda para su mujer y una jarra de leche de soja para su anciana madre, a quien con amoroso respeto ayudaría a bajar al jardín para que tocara las cintas del árbol, pues era ciega.

Con la llegada del Año Nuevo siempre colocaban un pino en la puerta de la casa y todos colgaban tiras de papel, pero este invierno no habían podido comprarlo.

Entristecido por éstos últimos pensamientos, bajó la cabeza y divisó un pequeño bulto bajo la nieve, del que asomaba un trozo de tela. Al parar bruscamente, el zorro se despertó sobresaltado.

¿Que ocurre?, preguntó.

¿Has visto ese bulto bajo la nieve?, dijo extendiendo la palma de la mano para señalar la dirección exacta*.

Si, contestó el zorro.

¿Que será? exclamó Toyonari.

La única forma de averiguarlo es destaparlo.

Toyonari no estaba muy convencido, el tiempo apremiaba y recelaba de lo que pudiera haber bajo aquella tela.

Ve hombre, le espetó el zorro. De todas formas no estás solo, yo te acompaño en tu bota.

Vaya, ¡menudo alivio!, un pequeño zorro me acompaña…

Se acercó despacio y retiró con cuidado la tela. ¡Una mujer!, la pobre habrá muerto de frío y no hace mucho, pues sus manos están aún tibias.

Pero fue decirlo y la mujer se movió un poco.

¡Está viva!, es un milagro con esta temperatura.

Debemos ayudarla, dijo el zorro. Prende una hoguera con la leña para que entre en calor.

Toyonari  sintió que desfallecía. Esa leña era la moneda que le proporcionaría arroz a su familia, además; si casi no podía andar sobre la nieve, ¿como sacaría fuerzas para talar un nuevo árbol sin tomar algo de alimento?. Pero si no proporcionaba calor rápidamente a esa mujer, probablemente moriría de frío.

Sólo un instante de humana y justificada duda, y estaba encendiendo el fuego.

Cada vez que ponía leños Toyonari se sentía desfallecer y al mismo tiempo el alivio de ver como la vida volvía a ella.

Sacó de su bolsillo una petaca con sake que llevaba para soportar el frío, y le dio a beber pequeños sorbos, hasta que el color volvió a su rostro.

Cuando entró por fin en calor pidió que la incorporara. La mujer vestía un  kimono de la más exquisita seda con bordados en plata y jade.

¿Quien eres amable caballero?

Cabizbajo y triste le contestó: Soy Toyonari, un pobre campesino que ahora no tiene con que alimentar a su familia.

No te angusties Toyonari. Yo me dirigía a la montaña cuando me ha sorprendido un demonio que ha intentado robarme la vida. Con tu generosidad me has salvado y te recompensaré, pero mi intuición me dice que eres un hombre honrado y listo y voy a ofrecerte algo mejor. Si me acompañas allí la recompensa será mucho mayor. Tanto que te aseguro que serás un hombre feliz hasta el fin de tu existencia.

Sin embargo, piénsalo bien. En la montaña viven 4 demonios que intentan quedarse con el alma de quien pone los pies en ella. Si te los encuentras no debes hacerles caso, pase lo que pase. ¿Aceptas mi oferta?.

Toyonari meditó un momento y le dijo: Si no te acompaño solo aceptaré la misma cantidad de arroz que hubiese obtenido por la leña. Ni un grano más.

Así será, le contestó la mujer. Pero entonces ¿no me acompañarás a la montaña?.

Toyonari estaba tentado a aceptar la oferta, al fin y al cabo, ¿que tenía que perder?. Ya nada le quedaba y sobre la mesa de su humilde casa, no había más que 5 cuencos vacíos esperando. En cuanto a los demonios…, le infundían algo de miedo, es cierto, pero no hay peor demonio que el hambre y la desesperación, así es que eso ya lo llevaba adelantado. No, no era por eso por lo que decidió rechazar la oferta.

Debo llegar a mi casa antes de medianoche para no preocupar a mi familia.

Bien Toyonari, una palabra dada hay que cumplirla, pero no nos llevará mucho tiempo ir a la montaña y mi casa está de camino.Vayamos en su dirección; tomarás lo que te he prometido y yo continuaré sola la empresa que tengo encomendada.

Y se pusieron en camino.

La casa no aparecía y cada vez se acercaban más a la montaña.

Señora, ¿No dijiste que tu casa estaba de camino a la montaña?.

Así es, sólo un poco más y ya estamos.

El zorro no decía nada pero de vez en cuando, arrugaba sus astutos ojos y sonreía.

Estaban en la falda de la montaña y se divisaba el viejo túnel.

El viejo túnel está frente a nosotros y de su casa ni rastro…, me ha mentido, pensó Toyonari con amargura.

Justo cuando se iba a dar la vuelta, la mujer se puso junto a la boca del túnel y ¡desapareció!.

¿Has visto eso?, le preguntó Toyonari al zorro, la mujer se ha esfumado.

El zorro le contestó. Sí, ha entrado en su casa para coger lo que te prometió. Es bonita ¿verdad?. Pequeña y hermosa como un templo. Parece el hogar de la diosa Kannon*

Toyonari se restregaba los ojos y miraba, una y otra vez, pero no veía ni tan siquiera una puerta, menos aún una casa.

¿Como va a haber un templo dentro de una montaña?, no te burles de mí.

Te aseguro que yo veo esa casa, le contestó el zorro. Tiene un patio con la estatua de una mujer que se parece mucho a ella. Los pájaros se refrescan en un minúsculo estanque lleno de flores de loto, y en el centro hay un gran pino con tiras de papel de seda, que llevan letras cubiertas de polvo de plata.

Toyonari cegado por el pesimismo, fruto de largos meses de penurias y sinsabores, se dispuso a desandar el camino, pensando, ¡cómo no!, en su mala suerte.

Se sentía engañado por la mujer y la incertidumbre le roía las entrañas. ¿Que será de mi familia ahora que llego con las manos vacías?…, pero, ¿y si es cierto lo que dice el zorro?, el puede ver lo que yo no veo y es cierto que esa mujer se parecía a una diosa, aunque no recuerdo ahora su nombre. ¿Y si vuelve con el arroz y para entonces ya me he marchado?.

Sin darse cuenta, Toyonari había dado la vuelta.

Sabía que volverías, le dijo el zorro. Eres hombre generoso y honrado, listo y respetuoso, por lo que puedo ver, pero te falta algo importante.

Sin esperar a que Toyonari respondiera, el zorro continuó; es algo que has perdido y debes recuperar lo antes posible: La fe y la confianza en ti mismo.

Continuará …

* Para quien quiera saber la situación actual de Japón, tras los terremotos, o desee hacer una donación:

http://www.es.emb-japan

Embajada de Japón en España:  Calle Serrano, 109. 28006 Madrid.

Sushi con tempura de langostinos

Ingredientes para 4 personas:

  • 250 gramos de arroz para sushi
  • 1 aguacate
  • 8 langostinos
  • 6 palitos de surimi (partidos a lo largo en dos)
  • Mahonesa japonesa o normal
  • 3 láminas de alga nori
  • huevas de arenque o de pez volador
  • Salsa de soja
  • 70 gramos de harina especial para tempura
  • 100 ml de agua helada
  • Aceite de maiz o girasol para freir la tempura

Preparación del arroz para sushi:

Lavar el arroz en abundante agua fría y escurrir.

Cubrir con agua fría y dejar que repose durante 20 minutos

Pasado este tiempo, escurrir y aclarar varias veces, hasta que el agua salga transparente.

Ponerlo en una olla con 400 ml de agua (para 250 gramos de arroz) y llevar a ebullición

Bajar el calor, a fuego lento, y tapar la olla. Dejar cocer hasta que se evapore el agua. Unos 10, 12 minutos.

Retiramos del fuego y dejamos enfriar un poco. Estando aún caliente le ponemos 2 cucharadas soperas de vinagre para sushi, o en su defecto: 2 de vinagre de arroz, mezcladas con 2 cucharadas de azúcar. Quedará mejor si lo ayudamos a que se enfríe, haciendo aire con un abanico o un trozo de cartón.

Para conseguir un buen resultado en la receta el arroz debe quedar pegajoso.

Mientras se enfría hacemos la tempura:

Ponemos en un bol el agua helada y añadimos la harina, poco a poco, removiendo con unas varillas de mano para evitar posibles grumos. Es sencillo y se prepara rápido.

Quitamos la cáscara con cuidado a los langostinos, dejando la cola sin pelar.

Ponemos aceite a calentar en la sartén y cuando humee un poco, vamos metiendo los langostinos en la tempura, agarrándolos por la cola. (Se puede añadir una yema de huevo para enriquecer la tempura, aunque yo no lo hecho)

Vamos ahora a elaborar el rollo de sushi con la tempura de langostinos:

Plastificamos una esterilla de bambú y ponemos sobre ella el alga nori con la parte más mate hacia arriba

Nos mojamos las manos y cogemos una bola de arroz y la situamos en el centro del alga. Lo extendemos hacia los bordes, dejando un margen de unos 3 cm en la parte superior. (yo he utilizado el alga entera quizás por las fotografías, pero recomiendo cortar el alga por la mitad)

Ponemos un poco de sésamo (yo he puesto muchísimo para la foto, pero así sale seco el rollito) y le damos la vuelta con cuidado, dejando el arroz hacia abajo.


Una vez dada la vuelta, ponemos primero dos o tres langostinos en tempura, unas tiras de aguacate, y el surimi. Ponemos mahonesa por encima y procedemos a enrollarlo.

Como veréis, sobra bastante alga, con la mitad hubiese sido suficiente. Es una buena forma de que veáis con claridad porqué se suele utilizar media lámina de nori.

Enrollamos con ayuda de la esterilla, apretando al llegar abajo y tirando a la vez de la parte superior

Con un cuchillo mojado en agua cortamos por la mitad, ponemos en paralelo los dos trozos y los volvemos a cortar por la mitad.

También he preparado California Maki Roll, rebozados esta vez en huevas de arenque que venden en Ikea a un precio muy económico. Sí en Ikea, en serio.

Así podéis ver las dos formas posibles: rebozar el arroz antes de dar la vuelta al alga, como en el anterior rollo de sushi con tempura, o hacerlo cuando ya está enrollada como con este California Maki Roll.

La elaboración del California Maki roll viene en la categoría de arroces. O buscando sushi por etiquetas.

No quiero despedirme sin mandar todo mi cariño y solidaridad para el pueblo japonés. Voy a intentar hacer unas grullas de origami. Si alguien quiere ver como se hacen dejo la dirección de un blog que lo explica detalladamente, además de informaros de su finalidad, que es hermosa. Es un bonito blog lleno de curiosidades y fotografías. Merece la pena visitarlo .

La dirección es: http://www.unajaponesaenjapón

Un abrazo a todos.

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