HOJALDRES DE NATA Y DULCE DE LECHE, MIENTRAS MOZART EL ALMA ENNOBLECE.

9 Jun

Como el maná que cayó del cielo. Como el agua de un oasis que hace crecer las palmeras en medio del desierto; la música de Mozart  alimenta mi alma.

Me ayuda a meditar y a asomarme al balcón de las ilusiones, que junto al de la realidad, tienen desgastadas las losas por igual. Porque es bueno sentirnos de vez en cuando “niños construyendo ilusiones” o imaginar que tocamos el cielo con la palma de la mano.

En forma de Sinfonía (“40 y 41, Júpiter”). De ópera, (especialmente: “Don Giovanni”  “La Flauta Mágica” y “Las Bodas de Fígaro”) o de conciertos para piano y orquesta. Disfrutando su exquisito “Quinteto para clarinete, K 581” o su traviesa y pícara “Pequeña Serenata Nocturna”.

Pero estas últimas semanas mi ánimo pide insistentemente su maravillosa “Misa de Réquiem”, y día tras día, me tomo el tiempo necesario para escucharla y sentirla en lo más profundo de mi corazón.

Escucho el Réquiem completo y después los motetes: “Ave Verum Corpus” y  “Exultate Jubilate”.

El sentimiento de dulce congoja que perdura tras el Réquiem, se suaviza con un “Ave Verum” esperanzador. Y concluye, con un “Exultate Jubilate” lleno de alegría y entusiasmo. El de un joven Mozart lleno de proyectos e ilusiones, que continuaron a lo largo de su corta pero intensa existencia. Pues si algo es cierto entre tantas leyendas, es que el genial músico conservó casi hasta el final de su vida un alma de adolescente pícaro y alegre, rebelde y soñador.

Tal vez por eso, su Réquiem sea tan impactante y nos llegue al corazón de una forma tan desgarradora. Porque el hombre optimista y alegre que coexistía con el gran artista, se marchitaba, a la par que su genialidad permanecía intacta, y quizás más sincera que nunca.

Al escucharlo el ánimo se debate; entre lo sobrecogedor de la muerte, y una intensa paz. Sentimientos antagónicos que se vienen repitiendo a lo largo de todo el Réquiem en una perfecta armonía.

El  “Dies irae”, ¡es tan hermoso como perturbador!:

Dies irae, Dies illa. Día de ira aquel día

Quantus tremor est futurus. Cuanto terror habrá en el futuro

Quando judex est venturus. Cuando venga el juez

Cuncta stricte discussurus. A exigirnos cuentas rigurosamente…

La parte vocal y la instrumental se unen en un todo indisoluble. La sensación de un Dios todopoderoso, dueño de nuestro destino, se hace cada vez mayor. Pero no, no es eso lo que te encoge el corazón: Es él, que te habla una vez más, para decirte como se siente.

La indecisión y angustia del corazón se expresa en un crescendo; y los murmullos y suspiros se dan por apagados primero con violines y con una flauta al unísono…

Sólo tienes que escuchar lo que te dice a través de su música:

No puedo escribir en verso, no soy poeta, no soy pintor, no soy danzarín…, pero puedo a través del sonido: ¡Yo soy músico!.

Cuanto más escucho el Réquiem, más me entristece pensar en sus últimos momentos. El esposo y padre, el amigo de sus amigos, ¡el hombre sensible e inteligente, que dominado por el pesimismo, llegó a estar convencido de estar escribiendo su propia misa de difuntos!.

¡Cuantas leyendas y fantasías han corrido a cerca de los últimos días de Mozart !

Desde Salieri, que tras la muerte de Mozart, fue víctima de un dañino rumor  que le acusaba de haberlo envenenado.

Viene a mi memoria la escena de la película “Amadeus”, en la que un anciano y decadente Salieri le confiesa al sacerdote: ¡yo he matado a Mozart!.

Cien años después de que la leyenda negra sobre el músico italiano permaneciera “dormida”, Milos Forman contribuye a despertarla y avivarla.

Shaffer vuelve a retratar al mismo Salieri mediocre y lleno de rencor que escribió para el teatro. A un Mozart histriónico y demasiado frívolo; vulgar y bobalicón. Un personaje misterioso cubierto de una máscara y una capa oscura tras la que se esconde Salieri, que en una “alegoría de la propia muerte”, realiza el encargo de la misa de difuntos. El “clímax” del músico italiano mientras escribe al dictado de un Mozart moribundo las primeras notas del “Confutatis”.

¿Mozart instigado por Salieri para completar su Réquiem?. ¿Esto lo escribió un Shaffer que afirmaba admirar y conocer profundamente su obra?. ¿Te resultaba más atractivo para una deslumbrante película cambiar a Süssmayr  por Salieri?.

Ante tanta inexactitud, una de los pocas verdades que ha reflejado sobre su personalidad parece llegar a mis oídos; su risa estridente y contagiosa.

Según Shaffer el guión no pretende reflejar la verdadera vida de Mozart, sino mostrar el “antediluviano” concepto del hombre enfrentado a Dios. Un hombre, Salieri, que se atreve a retar al mismísimo Dios, destruyendo a su mayor creación: Mozart.

A pesar del empeño de algunos en desprestigiarlo, Salieri fue un buen músico, que llegó a impartir clases, a Beethoven, Liszt o Schuber, entre otros… Tras la muerte de Mozart  fue profesor de uno de sus hijos, algo que su viuda no hubiese permitido si hubiese dado pábulo a la leyenda negra. (Mozart tuvo 6 hijos de los que sólo sobrevivieron dos varones: Karl Thomas y Franz Xaver que heredaron el talento musical de su padre, aunque sólo Franz se dedicó profesionalmente a la música) ( Salieri, junto a otros dos maestros, fue tutor del pequeño, quien llegó con el tiempo a ser un gran compositor)

Acusado por algunos de intentar “reventar” algunos estrenos operísticos de Mozart, como “Las Bodas de Fígaro”, demostró en no pocas ocasiones, que él admiraba profundamente su música: por ejemplo cuando fue nombrado “Kapellmeister” (Maestro de Capilla) de la corte de Viena. En la ceremonia de nombramiento, lejos de elegir una de sus propias óperas, decidió que se reestrenara “Las Bodas de Fígaro”, aún cuando no era del agrado del Emperador que consideraba la ópera demasiado frívola y cargada de ideas políticas ( por cierto, Mozart con motivo del estreno ya había cambiado el libreto, eliminando las partes con referencias políticas y suavizando su carga amorosa). O cuando Mozart estrenó su “Quinteto para Clarinete” en la Sociedad Vienesa de Compositores, siendo Salieri el presidente de la misma.

A pesar de compartir un amigo común, Haydn, la relación entre Salieri y Mozart fue estrictamente profesional. Algunas cartas del compositor Vienés reflejan una relación cordial entre ambos, lo que no implica que discreparan en sus ideas más de una vez, algo normal e incluso positivo entre músicos. Y si Salieri, sintió o no, el resquemor de la envidia, algo casi inevitable teniendo en cuenta la genialidad de Mozart, queda demostrado que no influyó en la admiración que sentía por su música.

¡Mas de 626 obras!, llenas de genialidad y de elegancia…, y entre ellas el motete cantata, “Exultate Jubilate”.

Fue durante su tercer viaje a Italia acompañado de su padre Leopold, con motivo del estreno de su ópera “Lucio silla”, cuando un joven Mozart de 16 años escribía el delicioso motete.

La pieza religiosa para una sola voz, es una alegre alabanza a la virgen, escrita para ser cantada por Venanzio Rauzzini. (uno de los “castrati” más famosos de la época, que también tenía un papel en la ópera), tiene un aire operístico más que a pieza religiosa. Un jovencísimo Mozart nos deja entrever que la ópera es su género preferido, y quizás con el que más disfrutó.

El “Exultate Jubilate” fue un éxito que perdura hasta nuestros días. En cuanto a la ópera “Lucio Silla”, fue representada en 26 ocasiones.., y cayó en el olvido.

¿Pensaría en el olvido el Mozart debilitado y enfermo?. ¿O a pesar del sufrimiento, tuvo momentos reconfortantes tras evocar sus éxitos ?. ¡Seguro que hubo momentos para revivir ese calor que había recibido por parte del público!. Sobre todo de los Praguenses.

¿Porqué Praga me acoge con los brazos abiertos y Viena no?.

“Meine Prager verstehen mich”, decía un emocionado Mozart a sus amigos: “Mis praguenses me comprenden”.

¿Porqué sus óperas triunfaban en Praga, y en Viena eran acogidas con frialdad, la mayoría de las veces?

Cuando Praga perdió la guerra, dejó de ser la capital de Bohemia y volvió a ser cristiana. La música religiosa se impuso de tal forma que una nueva ley exigía que los maestros de cada villa compusieran y representaran misas. Así surgió una nueva corriente de hombres cultivados en la música, tanto entre la burguesía como en el pueblo llano, que ajenos a los estereotipos musicales que imperaban en Viena o Alemania, gozaban de la capacidad de entender y valorar a músicos de la talla de Mozart.

Claro que a veces, las cosas no salían como esperaba…

En Julio, después de celebrar el nacimiento de su último hijo; le llamaron desde Praga para escribir la ópera: “La Clemencia de Tito”. Fue entonces cuando ese extraño hombre vestido con una casaca gris, que no quiso identificarse, le encargó la misa de Réquiem.

¿Quien es ese hombre? ¿Cuales son sus intenciones?. Pensaba un preocupado Mozart.


Continúa en la siguiente entrada…

Hojaldres de nata y dulce de leche

Ingredientes:

  • 2 placas de hojaldre fresco o congelado
  • 500 gramos de nata para montar
  • 200 gramos de azúcar glasé
  • 250 gramos de dulce de leche, crema pastelera o gotas de chocolate

Elaboración paso a paso:

Cortamos las placas de hojaldre en el tamaño y forma que deseemos. En este caso en rectángulos de dos tamaños, pero podemos utilizar vasos de distintos diámetros para cortarlos redondos, o hacer triángulos, etc.


Metemos en el horno precalentado a 180º, durante unos minutos, hasta que estén ligeramente dorados.

Reservamos unos pocos, y el resto los abrimos para poder rellenarlos

Montamos la nata, con 50 gramos de azúcar glasé y reservamos en el frigorífico.

Derretimos el chocolate en el microondas, según instrucciones del fabricante, y preparamos algún otro relleno, si las queremos hacer variadas: cabello de ángel o crema pastelera por ejemplo. (ya sabéis que tenéis la receta de crema pastelera clasificada por etiquetas, con la masa choux, o en masas dulces)

Para hacer una trufa sencilla, esperamos a que se enfríe y mezclamos en la proporción que más nos guste, más fuerte de chocolate o menos.

Llenamos una manga desechable con la nata o la trufa y procedemos a rellenar las placas de abajo.

Las cubrimos con la parte dorada, espolvoreamos con azúcar glasé y servimos.

En cuanto a las placas horneadas que hemos reservado, procedemos de la siguiente manera:

Pasamos el rodillo, con cuidado sobre la masa horneada.


Tiene que quedar así de plana:

Espolvoreamos con azúcar glasé y volvemos a hornear hasta que tengan un bonito color.

Los cortamos a lo ancho por la mitad y quedarán así:

Abrimos con cuidado y rellenamos de cabello de ángel, que le va muy bien, o de dulce de leche, como en este caso:

Económico; unos 4 euros todos estos hojaldres. Y además, sencillo a reventar.

Es ideal para los que nunca han hecho un postre, y si no os atrevéis con la nata, la podéis comprar montada o una mermelada de naranja con chocolate por ejemplo.  ¡vamos!, ¿que esperáis?. Un abrazo a todos.

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