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PASTELITOS DE ALMENDRA, BESOS DE CHOCOLATE

30 Ene

¿Que es la tristeza para vos?

Para mí, la tristeza es sentir un invierno frío en el alma.

Pensar que la hoja seca que cruje bajo mis pies, se convierte en polvo…, en nada.

Cuando estás triste, la pena acude presta a cada instante, para llenar los huecos que quedan libres en el alma.

Quieres estar sola, para no contagiar a nadie de la devastadora plaga.

Quieres que se aleje pero te abandonas a su suerte, porque estás cansada.

Pero siempre hay algo que te hace reaccionar, es como un bálsamo que va curando ese dolor pasajero.

Las risas de tus seres queridos.

Los recuerdos cálidos que se encuentran más cerca de tu corazón.

El calor de los verdaderos amigos.

Nadie como vos para describir la melancolía:

“de vez en cuando la alegría tira piedritas contra mi ventana, quiere avisarme que está ahí esperando”.

Y también la esperanza:

“creo que finalmente votaré
por la sabia orientación de las aves
por la benevolencia de la lluvia
y el sentido del humor de los delfines”

“en el centro de mi vida
en el núcleo capital de mi vida
hay una fuente luminosa, un surtidor
que alza convicciones de colores
y es lindo contemplarlas y seguirlas”

“más allá de los males y los bienes
tu mejor aventura cotidiana
es lidiar con la vida lisa y llana
que lograste y afinas y mantienes”

Mario Benedetti

Pastelillos de almendra

Ingredientes:

-150 gramos de harina floja
-150 gramos de almendras molidas
-150 gramos de azúcar extrafino (se puede moler en el molinillo)
-125 gramos de mantequilla
-1 cucharadita de esencia de vainilla
-2-3 cucharadas de agua

Para el relleno:

-100 gramos de chocolate negro picado
-100 gramos de chocolate blanco picado

Preparación:

Precalentamos el horno a 150º, forramos dos bandejas con papel de aluminio y las engrasamos con mantequilla. (También se puede utilizar papel de horno engrasado)
En un bol grande, mezclamos la harina, las almendras molidas y el azúcar. Luego añadimos mantequilla hasta formar una miga uniforme.

Agregamos la esencia de vainilla y agua suficiente para ligar los ingredientes, formando una pasta espesa. Amasamos la pasta ligeramente dos o tres minutos.

Empleando las palmas de las manos formamos bolitas del tamaño aproximado de una cereza(salen de 40 a 45 bolitas)

Una vez colocadas en la bandeja, las aplastamos suavemente (con una ligerísima presión porque sino saldrán demasiado planas al cocerse)

Las metemos en el centro del horno durante 15 o 20 minutos, hasta que se doren un poco y las dejamos enfriar sobre una rejilla.

Para el relleno derretimos los chocolates, por separado, al baño maría. Una vez disueltos, los dejamos que se atemperen un poco, y rellenamos las pastas.

Esperamos que se termine de enfriar bien el chocolate del relleno antes de comerlos.

Con todo mi cariño, hasta pronto.

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ROSCÓN DE REYES RELLENO DE NATA, PARA MERENDAR EN BATA

5 Ene

Hoy vamos a hacer un roscón. Hay quien tiene reparos porque piensa que es muy difícil de elaborar. Su elaboración, si bien es en varias partes y respetando los tiempos de levado de las masas, no es tan complicada como parece. En mi caso, es la primera vez que lo hago y ha salido riquísimo. Vamos a olvidar las etiquetas de muy difícil, y nunca mejor dicho: ¡ manos a la masa!

Roscón de reyes

Ingredientes para un roscón grande:

  • 600 gramos de harina blanca normal ( o leudante, aunque yo la he usado normal)
  • 200 gramos de azúcar
  • 125 gramos de mantequilla ablandada
  • 1/2 taza de leche o 100 ml
  • 3 huevos medianos
  • 30 gramos de levadura fresca o (3 sobres de levadura seca de panadería)
  • 1 huevo para pintar el roscón
  • Un pellizco de sal
  • Un pellizco de vainilla en polvo o media cuchara de esencia de vainilla
  • 10 cucharadas de ron oscuro
  • 3 cucharadas de agua de azahar (yo no la he puesto y ha salido igual de rico)
  • La ralladura de  una naranja y media mandarina
  • Frutas escarchadas para adornar y almendras fileteadas

Preparación:

Primero hay que hacer la masa madre con:

100 gramos de harina, de los 600 que teníamos para el roscón, 100ml de leche tibia y la levadura.

Se hace de la siguiente manera:

Entibiamos la leche en el microondas y deshacemos bien la levadura en ella. Añadimos la harina y amasamos hasta tener una masa blandita pero homogénea.

Hacer una bola con la masa, cubrir con film y dejar toda la noche; o si lo hacéis en el mismo día, tapar con un trapo de cocina y mantener cerca del calor para acelerar el proceso de levado. Tardará unas 2 horas en doblar su volumen.

La bola doblara su volumen y quedará más o menos así:

Preparamos ahora los ingredientes para la masa del roscón, que una vez hecha, uniremos a la masa madre:

Los 500 gramos de harina restantes, la mantequilla ablandada en el microondas, el azúcar, los tres huevos medianos, las ralladuras, el agua de azahar y el ron.

Ponemos la harina en la mesa de trabajo y hacemos un hueco en el centro donde ponemos: las ralladuras, la vainilla en polvo, el pellizco de sal, el agua de azahar, el ron, el azúcar, los huevos  y la mantequilla en pomada.

Trabajamos con cuidado uniendo todos los ingredientes con una mano, para una vez unidos, ir amasando con suavidad con las dos manos, hasta tener una masa homogénea. La masa es pegajosa y podemos untarnos un poco las manos con harina, si es necesario, para poder amasar mejor, pero sólo la harina justa.

Unimos a esta masa, la masa madre y trabajamos durante 15 minutos, hasta tener una sola masa homogénea. Volvemos a hacer una bola, tapamos con un trapo y dejamos reposar, 2 o 3 horas cerca del calor, hasta que doble su tamaño. Cuanto más suba, más esponjoso será el roscón.

La mía ha levado bastante como podéis ver. La he dejado 3 horas cerca del calor.

La volvemos a amasar, esta vez dos o tres minutos, la hacemos otra vez una bola y la dejamos tapada cerca del calor, 1/2 hora más.

Una vez pasada la media hora, la recogemos y la partimos en dos partes iguales. Las depositamos en la bandeja del horno untada con aceite, y las unimos dándoles forma de roscón.

Tapamos con un trapo de cocina y esperamos a que aumente de tamaño cerca del calor. (no tiene que doblar, sino esponjar un poco más).

Mientras cortamos las frutas escarchadas, batimos el huevo y preparamos las almendras fileteadas. Ponemos a precalentar el horno a 175º.

Una vez ha aumentado el rosco, lo pintamos con el huevo batido y lo adornamos con las frutas y las almendras.

Meter al horno precalentado a 175º, 30 o 35 minutos, o hasta que la superficie esté dorada.

Cuándo se haya enfriado lo cortamos por la mitad, y lo rellenamos de lo que más nos guste: nata, trufa, cabello de ángel, crema..

Tapamos, y listo para disfrutar

Cortamos en porciones y con un café cremoso…

Aunque hay fotos que me han salido oscuras, en estas últimas se ve mejor el aspecto final del roscón. El sabor es delicioso y además he estado haciendo cuentas y vereis si merece la pena: un roscón de este tamaño puede oscilar en el precio(según la calidad) entre 18 y 30 euros. Yo he invertido en él; 50 céntimos en la harina, unos 20 en el azúcar, la levadura 1,50, los huevos 40 céntimos, la mantequilla 70, el ron, vamos a poner que unas cucharadas sean unos 40 ,las ralladuras no las cuento porque me he comido la naranja de postre, y la luz que ha consumido el horno, vamos a poner que sea 1 euro. Las naranjas escarchadas estaban de oferta en Carrefour a 66 céntimos. Total…4,30 euros por un roscón que es mucho más rico que los que venden en la mayoría de las grandes superficies, y en muchas pastelerías, ¿merece la pena o no?.

Espero que los reyes os traigan muchas cosas. Un abrazo muy fuerte para todos.

CRUMBLE DE CHOCOLATE BLANCO CON MANGOS, TUS SUSPIROS SE HARÁN LARGOS

11 Dic

Mientras suena de fondo “In the Mood” pensaba en Glenn Miller, la figura más duradera de la era del swing;  y sin lugar a dudas el creador de un sonido único e inimitable que ha perdurado hasta nuestros días.

Este extraordinario músico; arreglista, compositor, director de orquesta y gran trombonista, nace en Iowa, aunque vive en varios lugares del Medio Oeste durante su infancia. Es en Tryon (Nebraska), donde Miller descubre su vocación musical, al regalarle su padre una mandolina. Tras rasgar durante algún tiempo sus cuatro cuerdas, la cambia por un corno (un instrumento derivado del oboe)  y hace así su primera incursión en el viento-madera.

En  1.915 se traslada con su familia a Missouri. Se une a la banda del pueblo y empieza a tocar el trombón, cuya técnica había comenzado a estudiar meses atrás. Miller, con apenas 11 años, ha comenzado ya (sin saberlo) su largo y difícil camino hacia la cumbre.

Se gradúa en 1.921 en la escuela secundaria de Fort Morgan (Colorado), donde había formado una banda con algunos compañeros de clase. El último año había empezado a interesarse por un estilo musical llamado “grupo de música de baile”. Aunque se matricula en 1.923 en la Universidad de Colorado, Miller ya había tomado la decisión de ser músico profesional.

Después del fracaso en su primer semestre de Universidad, debido a que cambiaba las horas de clase por audiciones y conciertos, Miller abandona los estudios para dedicarse en cuerpo y alma a su carrera musical.

Continúa explorando las raíces del Jazz y toca en varias bandas hasta que es contratado como trombonista para la orquesta de Ben Pollack, (que contaba también con un músico casi desconocido, Benny Goodman…) donde tiene la oportunidad de escribir algunos arreglos, y co-escribir su 1ª composición; “habitación 1411”, junto a Benny Goodman.

En 1.928 cuando la banda llega a Nueva York, se casa con su novia de la Universidad, Helen Burger ( Está claro que aprovechó bien el poco tiempo que asistió a la Universidad ). En los siguientes tres años, Miller trabaja como freelance trombonista. También toca en las “bandas de foso” de dos espectáculos de Broadway. Toca y hace arreglos para los hermanos Dorsey, (que por aquel entonces contaban con un joven cantante llamado Bing Crosby) y trabaja para varios programas de radio.

Estamos a principios de los años 30, y después de la depresión de 1.929 la gente quiere olvidarse de los tiempos duros. Es una época en la que van a empezar a formarse las famosas “Big Band”  (o grandes orquestas) que dominarán los rankings de música popular en la década de los 30 y la primera mitad de los 40.

En 1.935 conoce a Schillinger (asesor de algunos de los principales músicos de EEUU, como Tommy Dorsey o George Gershwin; y cuyas ideas fueron tratadas con escepticismo por la mayor parte de los críticos) y estudia su método.

Su técnica para cubrir 3, 4 o ilimitadas combinaciones de melodías, fue empleada por Miller en algunos de sus temas. Y es bajo su tutela cuando Miller compone  “Moonlight Serenade”. (Debo decir que pesar de que aún hoy, las ideas de Schillinger siguen siendo tratadas por muchos, como “complejas” y “oscuras”, no cabe duda de que influyeron de una forma positiva en la carrera musical de Miller)

Este mismo año, 1.935, Ray Noble, famoso director de orquesta británico, le encarga organizar una banda de swing. Miller compila varios arreglos musicales y forma la banda usando 6 instrumentos de viento, una batería y un cuarteto de cuerda, pero no tiene éxito, porque no se distingue de las otras muchas de la época, y finalmente se deshace.

Desalentado regresa a Nueva York. Allí se da cuenta que necesita un sonido único para sobresalir entre todas las BigBand existentes, y decide jugar una sola línea, con el clarinete y un saxo tenor en la misma nota, mientras que otros 3 saxofones armonizan en una sola octava… Y ocurre el milagro; con esta combinación de sonidos nuevos, Miller había encontrado la forma que lo diferenciaba en el estilo de las demás bandas…, había creado “el sonido Glenn Miller”.

Decide ya en 1.938 crear su propia BigBand, su primer gran éxito es “Moonligh Serenade”, y un contrato en el Casino de Glen Island, en New Rochelle (New York), le abre las puertas a una carrera triunfal. La orquesta adquiere una popularidad tremenda en Estados Unidos, ayudada por la emisión de sus actuaciones en un programa radiofónico que es escuchado de costa a costa del país, y es patrocinado por la marca de cigarrillos, Chesterfield.

La banda firma un contrato con la RCA, mediante el cual grabará más de 250 temas en tres años y medio; lo que la confirma como una de las más grandes bandas de swing de la época. Pero…, paralelamente a su ascenso meteórico, en Europa estalla la guerra.

En 1.942, tras el ataque a Pearl Harbour, Miller, al igual que miles de norteamericanos, decide unirse al esfuerzo de la guerra. Con 38 años, es demasiado mayor para ser aceptado como voluntario para la Marina de Guerra, y le dicen que no necesitan sus servicios…

Miller escribe entonces al general Charles Young, y convence al Ejército de Estados Unidos a aceptarlo, para en sus propias palabras, “ponerse a cargo de una modernización de la banda del Ejército”.

Después de ser aceptado en el Ejército, la banda de Miller da su último concierto en Nueva Jersey, el 27 de septiembre de 1.942.

El capitán Glenn Miller forma inicialmente una gran banda de música que va a ser el núcleo de una red de orquestas de servicio. En sus intentos de modernizar la música militar, hace arreglos que combinaban el blues y el Jazz con la marcha militar tradicional, lo que da un aire mucho más alegre y fresco a las viejas piezas militares. Tras varios meses de servir al Ejército en su país, y ya como, “mayor Glenn Miller”, parte para Europa con su “Glenn Miller Army Air Force Band” ya formada.

En Europa ofrece más de 800 conciertos en menos de 1 año, que amenizan la vida de los soldados en los campamentos. Las grabaciones de la banda se difunden como propaganda a favor de la Oficina de Información de Guerra. Muchas canciones son cantadas en alemán por Johnny Desmoond, y Glenn Miller habla en alemán sobre el esfuerzo de guerra.

Después de haber formado parte de la vida de la mayoría de los estadounidenses y británicos durante casi un año, el trombonista más popular del mundo, tenía programado un tour de 6 semanas en París y otras ciudades europeas. El 15 de Diciembre de 1.944  subió junto al piloto y otro militar, a un avión modelo Norseman C-64  con destino a París, donde le esperaba el resto de la orquesta…, pero el avión junto a sus ocupantes, nunca llegó a su destino. A pesar de semanas de búsqueda, nunca apareció ni un trozo de fuselaje en las frías aguas del Canal de la Mancha.

Hay varias teorías a cerca de la trágica desaparición de Glenn Miller. Algunas tienen cierta lógica y es posible que se puedan acercar a lo que quizás ocurrió aquel fatídico día. Ciertas conclusiones son fruto de un interés puramente comercial. Y otras parecen sacadas de una novela negra de segunda clase.

Aunque en mi próxima entrada os hablaré de ellas, para mí, lo único verdaderamente “demostrable” y la “auténtica realidad” de aquel 15 de Diciembre de 1.944, es que el mundo perdió a un gran músico. Y estoy convencida, aún sin haber tenido la suerte de conocerlo, de que también perdió a una gran persona.

Crumble de chocolate blanco con mango

El Crumble es un postre inglés que quizás deba su origen al racionamiento que sufrió Inglaterra en tiempos de guerra.

Quizás el más famoso sea el de manzanas, porque es una fruta abundante en el país y durante las restricciones no tuvieran problema para obtenerla, así como la mantequilla. Sin embargo el azúcar o la harina eran más escasas y este postre las lleva en cantidades pequeñas…, tiene su lógica desde luego, aunque lo importante no es saber con seguridad cuando se originó, sino que hoy existe y todos podemos probarlo pues es delicioso.

Este rico postre tiene una base de frutas, que suelen ser ácidas como: fresas, moras, uvas, ruibarbo, manzanas… y se acompaña de natillas, cremas, etc; todo ello cubierto por las deliciosas “crumbles” (migas), que dan el punto crujiente al conjunto.

Yo he dado acidez al mango y al dulce chocolate blanco, añadiendo la piel de dos limas ecológicas.

Ingredientes para la masa de crumble:

  • 50 gramos de mantequilla a punto de pomada
  • 50 gramos de azúcar en polvo
  • 50 gramos de almendras molidas
  • 50 gramos de harina
  • 1 pizca de flor de sal

Preparación de la masa:

Preparamos los ingredientes, y metemos la mantequilla en microondas a 700 de potencia, unos 20, 30 segundos para ponerla en pomada.

Ponemos en un bol la mantequilla

Añadimos el azúcar glas

Las almendras molidas, la sal y la harina tamizada

Amasamos, sólo con la punta de los dedos, hasta tener unas migas del tamaño de media nuez, o de varios tamaños si nos gusta

Una vez obtenidas las migas, sin amasar mucho, las reservamos 1 hora en la nevera, tapadas con film.

Mientras reposan las migas en la nevera, preparo los ingredientes de la guarnición.

Ingredientes de la guarnición:

  • 3 mangos grandes maduros, o una lata de kilo, de mango en almíbar
  • La piel y el zumo de 2 limas sin tratar (o puestas en agua hirviendo por un minuto)
  • 40 gramos de azúcar de caña
  • 180 gramos de chocolate blanco de buena calidad
  • 15 cl de nata líquida
  • Una pizca de clavo de olor en polvo

Preparación de la guarnición:

Preparamos los ingredientes

Cortamos el mango en trozos grandes y lo ponemos en una sartén grande, e incorporamos el azúcar moreno, el zumo de lima y la rayadura de 1/2 lima en trozos muy pequeños.

Dejo que caramelice y lo aparto del fuego. Lo pongo en el fondo de una tartera o molde donde quiero servir el crumble.

Llevamos la nata a ebullición con la ralladura de lima.

Derrito el chocolate en el microondas con una cucharada de leche y le incorporo la nata caliente en tres veces, removiendo a la vez.

Distribuyo la crema sobre el mango

Saco las migas de la nevera y las pongo en una bandeja de horno, sobre papel de hornear, en el horno precalentado a 170º, durante 10 o 12 minutos, hasta que tengan un bonito color y estén crujientes, y las dispongo sobre la crema de mango y chocolate blanco.

Este postre es sin lugar a dudas una verdadera delicia. Animaos y ya me contaréis.

BUÑUELOS DE TODOS LOS SANTOS

24 Oct

El Día de Difuntos es el día designado en la Iglesia Católica para la conmemoración de los fieles fallecidos. En este día, al igual que en otras doctrinas y religiones se rinde culto a los familiares desaparecidos. En el caso de los cristianos se suelen llevar flores o velas al cementerio y rezar algunas oraciones.

En los primeros días de la cristiandad se escribían los nombres de los hermanos que habían partido, en la “díptica”, que es un conjunto formado por 2 tablas plegables en forma de libro en las que la Iglesia primitiva acostumbraba a anotar en dos listas pareadas los nombres de los vivos, y los muertos por quienes se había de orar.

Ciertas creencias populares relacionadas con el Día de Difuntos son de origen pagano y de antiguedad inmemorial. En los pueblos del Norte de algunos países europeos que profesan la religión cristiana se cree que en la noche de Difuntos los muertos vuelven a las casa donde antes habían vivido y participan de la comida de los vivos.

Resulta curioso que esta creencia se repita en muchas religiones y países diferentes, como por ejemplo Japón.

En Japón se celebra en unas regiones, del 13 al 16 de Julio, (según el calendario lunar), y en otras, del 11 al 16 de Agosto, (según el calendario solar) ; el Obon, que es una fiesta cuya finalidad es rendir tributo a los difuntos.

Esta tradición que comenzó a principios del siglo VII a.C, se basa en la creencia de  que los antepasados fallecidos “vuelven” del otro mundo para reunirse unos días con sus familiares. Lejos de ser tristes, estos días son una oportunidad para que se reúnan las familias que vienen desde distintas partes del país, y recordar todos juntos a sus antepasados.

Delante del altar budista que hay en las casas de muchos pueblos, se ponen unas bolas de arroz, pepino y berenjenas pinchados con palillos. El pepino simboliza al  caballo y la berenjena a la vaca.

Se dice que los difuntos vienen a caballo porque quieren verse cuanto antes con sus familiares. Y que cuando se van, lo hacen montados en una vaca para ir despacio, como lamentándose de tener que despedirse hasta el año siguiente. Otros dicen que los espíritus vuelven a caballo y los regalos de sus familiares los llevan las vacas.

El fuego también es importante en estos días. Se empieza con el Mukae-bi (fuego de bienvenida), colocando faroles a la entrada de cada casa para guiar a los espíritus a sus respectivos hogares.

En México el famoso Día de los Muertos se originó con los olmecas, la primera civilización mesoamericana centrada en la actual Veracruz, cuyos orígenes son aún un misterio. Hay registros de celebraciones para honrar a los muertos en las etnias; méxica, maya, purépecha, nahua y totonaca, que tuvieron lugar hace 3.000 años. Las festividades eran presididas por la diosa Mictecahuati ó Mictlancíhuatl, diosa de la muerte y señora de Mictlán, el inframundo de los infiernos, actualmente relacionada con la famosa “Catrina”.

Según la creencias de la antigua civilización mexicana, los fallecidos, dependiendo de las circunstancias de su muerte podían tomar varias direcciones: los que morían en circunstancias relacionadas con el agua, iban a el Tlalocan (aunque los muertos solían ser incinerados, los que se dirigirían a este sitio eran enterrados como las semillas que germinarían ).

Los muertos en la guerra o en combate, iban a Omeyocan, paraíso del sol.

Y los que morían de muerte natural tenían que dirigirse a Mictlán, para lo que tenían que atravesar un camino tortuoso y difícil. Por este motivo el difunto era enterrado con un perro que le ayudaría a cruzar un río, y llegar ante Mictlantecuhtli, (señor de los muertos).

Actualmente los mexicanos en la celebración del Día de los Muertos, mezclan las costumbres cristianas con las raíces indígenas. Para ellos, sabiamente, la muerte es una parte igual de la vida.

Ofrenda de comida para los muertos

Su calendario ritual señala dos ocasiones para la llegada de los muertos. Cada una de las cuales es una fiesta de alegría y evocación. Los mexicanos, hospitalarios por naturaleza, cuando se trata de acoger a sus parientes fallecidos, lo son más que nunca. Hay que ofrecer todo lo que sea de su agrado, sobre todo la comida.

Pan de muerto; es un pan dulce que se acostumbra tomar el Día de los Muertos.

El “Peri Em Heru”, libro para salir al día como lo llamaron los antiguos egipcios y conocido por la mayoría de nosotros como “el libro de los muertos”. Es un conjunto de textos funerarios llenos de fórmulas mágicas para guiar a los muertos hasta el más allá. Los capítulos 130-162 de dicho libro, el primero ilustrado de la historia, son textos de glorificación al muerto que se debían leer a lo largo del año en determinados días festivos para el culto funerario y servicio de las ofrendas al difunto.

También los antiguos egipcios dedicaban tiempo a honrar a sus fallecidos. Los familiares del difunto visitaban con frecuencia las tumbas y les llevaban regalos como comida, bebida, perfumes…, y todo lo que fueran a necesitar en su nueva morada.

Fragmento del libro de los muertos
Para los musulmanes no existe una celebración particular para los fieles difuntos. La oración de los difuntos solo se practica en el rito del funeral. Se conmemora al difunto en su aniversario fúnebre, y se recitan versos del Corán para alcanzarle al fallecido una oración especial.

Aunque hablamos del Día de los Difuntos, lo que os voy a relatar, si bien concierne a los vivos, en este caso está “desgraciadamente” relacionado con los muertos.

En el cementerio de el Cairo se encuentra “la ciudad de los muertos” conocida como “Arafa”. El cementerio tiene 4 millas de largo y es lugar de enterramiento de Califas, Emires y otros Sultanes Mamelucos. En 1.967 a raíz de la guerra de los 6 días se produjo una emigración masiva hacia El Cairo. Miles de  personas se vieron obligadas a instalarse en el cementerio a falta de un sitio mejor. Unas 50.000 viven en Mausoleos y el resto vive apretujada en infraviviendas construidas en antiguos sepulcros. Aunque los turistas salimos bastante impresionados de la visita, estas amables gentes que habitan el cementerio son cálidas y no pierden la sonrisa a pesar de la pobreza en que se encuentran.

Una señora sentada en la puerta de la tumba que es su vivienda (la foto no es mía)

A pesar de los siglos transcurridos y de tener o no creencias religiosas, algo no ha cambiado en su esencia. El cariño y el recuerdo para esos seres queridos que se han marchado.

Como decía el actor y escritor estadounidense Groucho Marx. ¡ Prefiero que cuando llegue la muerte no me pille en casa!

Buñuelos de viento de Todos los Santos
Ingredientes para la masa:

  • 150 gramos de harina
  • 125 gramos de mantequilla
  • 1/2 litro de agua
  • Medio vaso de leche
  • 6 huevos
  • Un pellizco de sal
  • Un pellizco de azúcar
  • Aceite de girasol u oliva para freír

Ingredientes para la crema pastelera de relleno(unos 800 gramos aprox)

  • 1/2 litro de leche
  • 3 yemas de huevo
  • 125 gramos de azúcar
  • 30 gramos de harina
  • 30 gramos de maizena
  • Una cucharada de esencia de vainilla
  • Un chupito de brandy

Preparación de la crema pastelera:

Apartar medio vaso de leche y poner el resto en una cacerola de fondo grueso a fuego medio, y llevar a ebullición.

Mezclar las yemas con el azúcar con un batidor de varillas hasta que queden blanquecinas.

Añadir la maizena y la harina tamizadas y mezclar bien todo el conjunto. A continuación echar la leche fría y mezclar hasta conseguir una crema lisa.

Apartar el cazo del fuego e incorporar 1/3 de la leche hirviendo removiendo con las varillas, y a continuación la leche restante.

Mezclamos bien sin dejar grumos y volvemos a poner la cacerola en el fuego. Llevamos a ebullición sin parar de batir. Cocer durante 25 segundos aproximádamente.

Poner la crema en un recipiente de acero inxidable o de cristal para que se enfríe con mayor rapidez. Pasar un dado de mantequilla o espolvorear con azúcar glas la superficie de la crema para evitar que forme costra.

Si queremos aromatizar la crema, separamos la porción deseada y la mezclamos con lo que nos guste. Yo he separado 2/3 de crema sin aromatizar. El resto lo he dividido en dos partes más. Una la he mezclado con dos cucharadas de cacao amargo y la otra la he aromatizado con café soluble. Puedes hacerlo con licor de peras, de avellanas, con limón, con naranja, etc.

Preparación de los buñuelos de viento:

En una cacerola de fondo grueso se ponen: el agua, la leche, la mantequilla y los pellizcos de sal y azúcar a fuego suave.

Cuando arranque a hervir se añade toda la harina de golpe y se mezcla con una cuchara de madera, hasta obtener una pasta que se enganche a las paredes del cazo.

Se retira del fuego y se deja entibiar. Cuando esté casi fría se añaden uno a uno los huevos, no se añade el segundo hasta que no esté totalmente integrado a la masa el primero. Hasta obtener una masa fina y suave pero no líquida.

Se deja reposar 5 minutos y se van echando porciones en una sartén con abundante aceite caliente, ayudándonos de dos cucharas de postre untadas de aceite o rellenando una manga con la masa y cortando pequeñas porciones con unas tijeras (como los churros).

Cuando estén dorados se sacan y se escurre el exceso de aceite con papel de cocina.

Se pueden rellenar de crema pastelera, nata, caramelo, cabello de angel, etc.

Se espolvorean con azúcar glas y se sirven.

“AT… CHOUX”, RICOS ESTORNUDOS RELLENOS DE CHOCOLATE

15 Sep

Todavía hace calor pero el otoño se acerca lentamente, y el aire cargado de fragancias a punto de sucumbir nos llena de recuerdos.

Al escuchar el Canon de Pachelbel,  imagino que las hojas van cayendo despacio, balanceándose en el aire sin prisas.

Aromas almizclados inundan el aire denso, mientras la “Sonata Claro de Luna” de Beethoven suena en la lejanía.

La naturaleza en reposo lejos de estar apagada y triste, descansa y recupera fuerzas para la próxima primavera. El silencio…, tan necesitado por nuestra alma, nos invita a la reflexión.

Cuando escucho a Tchaidovsky en la danza de los mirlitones de “el Cascanueces”,  veo a una mamá perdiz corriendo con sus pequeñas crías pegadas a sus patas y un jabalí que acude presuroso a esconderse en un matorral, mientras un búho enorme intenta conciliar el sueño en el hueco de un viejo castaño.

Con “Barcarola” de Offenbach, cierro los ojos conmovida y veo las aguas de un arroyo llenas de ramas quebradas que se dejan ir…, hasta que un día, un pequeño castor las convierta en su presa.

Llega “la tormenta” de la Sinfonía Pastoral de Beethoven, y todos los seres que habitan el bosque buscan refugio donde pueden.

Y cuando escampa, Boccherini los acompaña con su “Minueto del Quinteto para cuerda” mientras caen algunas gotas que perezosas, se han quedado cubriendo las desnudas ramas.

El melancólico otoño agitado por un viento que se lleva el cansancio y trae nubes de fuerza para afrontar un frío invierno, tras el cual, los árboles abrirán sus ramas para acoger la alegre primavera. Entonces sentiremos como se acerca una leve brisa llena de aromas frescos que hará sonar “La Flauta Mágica” de Mozart, mientras los ciervos se alimentan de los primeros brotes que surgen de la tierra milagrosamente, año tras año.

Bocaditos y buñuelos de masa choux al chocolate

Ingredientes:

  • 125 ml de agua
  • 125 ml de leche
  • 125 gramos de mantequilla o margarina
  • 110 gramos de harina
  • 30 gramos de cacao en polvo sin azúcar
  • 4 o 5 huevos ( o los que admita, según tamaño )
  • 2 gramos de sal ( un pellizco )
  • 6 gramos de azúcar ( tres pellizcos )
  • 5oo gramos de nata para montar
  • 150 gramos de azúcar en polvo para la nata montada
  • Azúcar para espolvorear

Preparación:

Tamizamos la harina y el cacao dos veces.

Precalentamos el horno a 170-180º. Ponemos a calentar el agua con la leche, la mantequilla, la sal y el azúcar. En el momento que rompa a hervir, echamos de golpe la harina y el cacao y removemos con fuerza con una cuchara de madera, hasta que se forme una masa espesa y compacta que se separa de las paredes de la cacerola.



Retiramos del fuego y dejamos que se entibie un poco y vamos añadiendo los huevos de uno en uno, no echamos el siguiente hasta que no esté perfectamente incorporado el anterior.  Ponemos en varias veces el último huevo, sin dejar de remover. Para saber si la masa está, hay varias formas, cogemos una pizca entre los dedos y si queda muy elástico, necesitaría un poco más de huevo, o bien pasamos el dedo haciendo surcos por la masa y si se cierra lentamente está lista. Otra forma es coger con la cuchara bastante masa y ver que no se corta al caer.

Ponemos 2/3 partes de la masa en una manga pastelera con boquilla lisa de 10 o 12 cm, y el 1/3 restante en otra manga o en un cuenco, y metemos en la nevera unos 20 o 30 minutos a reposar.

Pasado este tiempo, vamos poniendo montoncitos de la masa en una bandeja de horno cubierta de papel de hornear, los espolvoreamos con azúcar molida y cocemos a 180º de 15 a 20 minutos, según el tamaño de los bocaditos.

Mientras, montamos la nata con el azúcar y reservamos en la nevera.

Os preguntaréis porqué he reservado un tercio de la masa. Bueno, pues era para hacer buñuelos.

Ponemos una cacerola alta, bien de aceite, en este caso de girasol para no dar más sabor al chocolate, y vamos echando porciones con la manga o con una cuchara, con el aceite bien caliente. Se hacen muy rápido y  al ser la masa tan oscura no vemos cuando están dorados, así que los tenemos el tiempo justo de darles dos o tres vueltas y listo.

Quitamos el exceso de aceite con papel de cocina, y esperamos que se enfríen para rellenarlos de nata.

Los buñuelos se rellenan más fácilmente con manga que tenga boquilla alargada, no es necesario hacer agujeros porque la masa es muy tierna.

Quedarán así:

Por último, una vez fríos los bocaditos,  los cortamos por la mitad  en horizontal, o les hacemos un pequeño agujero en la base y rellenamos con la manga. Yo recomiendo cortarlos, porque queda más apetecible el contraste de colores de la nata y el chocolate.

Se puede utilizar toda la masa para el horno, o para freir en forma de buñuelos, pero aquí tenéis  dos de las formas en las que se puede emplear.

Buen provecho y… para la melancolía, un poquito de chocolate, pero no mucho porque, ¿os imagináis como sería nuestra vida si nunca experimentáramos estos sentimientos?. ¿Si después de la tristeza no vinieran los buenos recuerdos?. Sí,  está bien sentir un poco de melancolía pero…, solo de vez en cuando.