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LASAÑA DE BERENJENAS CON ALBAHACA Y TOMATE DULCE

22 Dic

El otoño está a punto de acabar  y como el topo del cuento “El viento en los sauces”, desempolvamos nuestra casa y la preparamos para que sea más cálida en invierno. Suspiramos como él, esperanzados, y nos asomamos con expectación a la vida que aguarda afuera. El topo prefiere la primavera pero recuerda con agrado cada una de las aventuras que han tenido lugar en el invierno. Recordando buenos momentos  da un repaso al polvo de sus queridos libros. Rodeado de agradables sensaciones  nuestro amigo levanta muebles y enrolla alfombras.

¿Que es ese desagradable olor que desprende la alacena? Ah, habrá quedado de aquellas comadrejas que por un exceso de confianza, metieron sus sucias zarpas en esta casa e intentaron acabar con todo; comida, bebida (sobre todo el whisky de buena calidad reservado para los amigos) y hasta con aquello que nadie había osado hollar: la buena voluntad de topo y su familia. Pero un oportuno puntapié en sus  traseros les hizo salir por donde habían venido, algo a lo que respondieron con sus malas artes. Al fin y al cabo ya no quedaba whisky y la casa era apacible y aburrida, les había oído comentar mientras gritaban todo tipo de improperios y falsedades. Trataban así de esconder  su realidad preñada de suciedad y oscuros secretos. Aún podrían engañar a alguien más pero con la familia del topo ya no les funcionaría su diversión preferida: intrigar escondidos detrás de una afectada candidez.

Además de aprovisionar la casa con un buen cargamento de leña y alimentos, el topo concentra toda su buena energía en hacer desaparecer el rastro de aquellas extrañas comadrejas. Cuando quita el polvo y refresca las paredes va desapareciendo el sutil tufillo que habían dejado en algunos rincones, y mientras barre ha eliminado todo recuerdo desagradable.

Provisto de una fina ironía que mira a través de sus miopes ojos, topo reflexiona; ellas siempre tendrán su instinto y el lo supo desde el momento que vio sus verdaderas intenciones y quiso pensar solo en sus buenas virtudes (que parecían varias y terminaron siendo ninguna). ¡Va!, ¿y que más da?, ¡lo importante es que por fin las comadrejas más malvadas del bosque de sauces se han marchado a su oscura guarida y nunca volverán a molestarlos!.

El continuará haciendo lo que todos los inviernos de su apacible existencia, rota a veces por la agradable visita de sapo que se ha casado y viene con sus retoños. Y de otros topos que comparten con el y su familia el deseo de pasar agradables veladas sin otro fin que el de disfrutar de su mutua compañía. Las comadrejas también seguirán haciendo lo que todos los días de su vida, engañando para rapiñar un trocito de afecto, de pan, que les es dado por aquellos que aún desconocen lo que en su día descubrió nuestro topo; que son una auténtica estafa.

Y la moraleja de esta historia es que: si tenemos la mala suerte de encontrarnos con dos astutas comadrejas, como le ocurrió a topo; seguiremos nuestro camino dejando atrás sus taimadas sonrisas, que en el fondo no esconden otra cosa que un alma, descontenta en otoño, en invierno y que en cualquier estación está llena de polvo rancio y viejo.

LASAÑA DE BERENJENAS CON ALBAHACA Y TOMATE

Ingredientes:

  • 3 berenjenas hermosas y tersas
  • 4 tomates medianos
  • 300 gramos de tomate frito (casero o de bote)
  • 1 ramillete de albahaca
  • 200 gramos que queso grana paddano
  • 250 gramos de queso enmental o cheddar
  • 750 ml de leche
  • 3 cucharadas de harina
  • pimienta blanca
  • 2 cucharadas de mantequilla

Preparación:

Cortamos las berenjenas en lonchas de medio centímetro y las ponemos en leche durante 15 minutos para quitar el amargor.

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Las secamos bien y les hacemos unos cortes en diagonal. Las metemos al horno precalentado a 200º durante unos 15 minutos, o hasta que estén casi blandas. Mientras cortamos unos tomates en rodajas y los pasamos por la sartén con un poco de aceite hasta dorarlos y teniendo cuidado de que no se rompan. Los sacamos a una fuente y los espolvoreamos con un poco de azúcar.

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Hacemos una bechamel como hemos explicado en otras recetas (por ejemplo las croquetas del puchero) con la leche, la harina y la mantequilla y la aromatizamos con pimienta. Una vez esté lista la bechamel vamos montando las berenjenas por capas. Primero un poco de bechamel las berenjenas, tomate en rodajas, tomate frito,albahaca y queso y así hasta llegar arriba.

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Incluso sin gratinar ya van teniendo muy buena pinta

Vamos poniendo un poquito de bechamel entre capa y capa de berenjenas y sobre el queso rallado y fresco.

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Una vez hemos terminado de poner todas las capas metemos la bandeja en la parte superior del horno y gratinamos a 200º durante 4 o 5 minutos teniendo cuidado de que no se queme. Al estar ya asadas con anterioridad sólo tenemos que gratinar la parte superior y a comer. Que aproveche.

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Bonito color ¿eh?. Una ración será así de bonita y os aseguro que tan sencilla como deliciosa.

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Espero que os guste y para la Navidad esta misma receta con unas gambas y sin tomate queda deliciosa.

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CALABACINES RELLENOS DE TXANGURRO JAPONÉS. PA LA CRISIS EL SURIMI TE LLENARÁ DE PLACER.

27 Jun

Al señor calabacín le va muy bien el sabor del marisquito. Con una lata de txangurro o unas barritas de surimi y algunas gambitas…, delicioso. Os aseguro que repetiréis .

Calabacines rellenos de cangrejo o surimi

Ingredientes para 4 personas:

  • 4 calabacines grandes, redondos o alargados
  • 2 puerros
  • 150 gramos de calabaza
  • La carne de vaciar los calabacines
  • 10 palitos de cangrejo
  • 12 gambas congeladas peladas (opcional)
  • 1 lata de carne de cangrejo (opcional y en ese caso sin gambas)

Para la bechamel de tomate:

  • 2 cucharadas de mantequilla
  • 1 cucharada de aceite de oliva suave
  • 2 cucharadas rasas de harina
  • 4 cucharadas de tomate frito
  • Leche caliente (la que admita hasta tener una bechamel ni demasiado ligera, ni demasiado espesa. Pimienta y una puntita de chili en polvo (opcional este último)
  • Queso suave para gratinar

Preparación:

Vaciamos los calabacines con un sacabolas o una cuchara.

Los ponemos a hervir en una olla con agua y sal, hasta que estén más bien al dente, es decir un poco blandos pero no demasiado o se romperán al rellenarlos.

Reservamos y vamos sofriendo el puerro cortadito en tres de cucharadas de aceite

Añadimos la calabaza en trozos pequeños y la carne de los calabacines. Sofreímos hasta que la verdura esté al dente.

Escurrimos el exceso de aceite, si lo hubiera, y reservamos. Vamos haciendo la bechamel con tomate.

Ponemos la mantequilla y el aceite en una sartén o cazo de fondo grueso, y cuando se caliente incorporamos la harina y hacemos un roux (que es la mezcla de la harina con la materia grasa, hasta que quede homogénea).

Cuando comience a dorarse un poco la harina, le vamos añadiendo poco a poco la leche, hasta obtener una bechamel ni demasiado fina ni demasiado espesa. Debe tener cierta consistencia pero resultar ligera al paladar.

Salpimentamos y ponemos el tomate, cuando le quede poco para estar lista, es decir a los 10 o 15 minutos.

Una vez lista la bechamel (los 12, 15 minutos necesarios para que la harina se cocine y no sepa a crudo y para obtener el punto deseado de consistencia) incorporamos el surimi en este caso troceado y las gambas si las hubiera, o la carne de txangurro troceada con la mitad del surimi.

Y las verduras que teníamos reservadas

Lo tenemos todo un minuto para que se integren los sabores y apartamos. Vamos rellenando los calabacines.

Espolvoreamos con el queso y gratinamos en el horno.

Los servimos acompañados de salsa de tomate

Deliciosos con una vinito blanco seco…, o un rosado bien fresco.

Otra opción sería hacerlos sin bechamel, poniendo arroz cocido y mahonesa con un poco de tabasco o tomate frito, y servirlos fríos.

Espero que os guste. Un abrazo a todos.

ARROZ CON CHIRLAS Y ALCACHOFAS. CON MOZART DE FONDO CREARÁS UNA ESTROFA.

13 Jun

Continuación de la entrada anterior

Había pasado un mes inmerso en los preparativos de la ópera y se disponía junto a Constanze a viajar a Praga. Justo antes de poner su pie en el escalón del carruaje apareció de nuevo, como de la nada, aquel siniestro personaje vestido de gris. Aquello  produjo una gran impresión en su ánimo. (Después se supo que era un lacayo al servicio del Conde Franz Walsseg, cuya joven esposa había fallecido con tan sólo 21 años. Por encima del dolor, el nada humilde Conde, quería permanecer en el anonimato para atribuirse la autoría del Réquiem, que dirigiría en un solemne funeral por su amada esposa)

Durante aquel viaje, no sólo la preocupación por el estreno ocupó sus pensamientos.

La ópera fue acogida con frialdad. Quizás porque asistieron muchos representantes de la alta sociedad vienesa que asistían a la coronación de Leopoldo II. Pero…, ¡Así es la mia vita! pensaría en su mejor italiano un decaído Mozart.

De regreso a Viena se puso a trabajar en el Réquiem. Y no sólo no dejó que su ánimo actuara en detrimento de éste, sino que a la par, preparó junto a Enmanuel Schikaneder, los ensayos de la ópera “La flauta Mágica” que venía componiendo desde Mayo y que tanto éxito le reportaría, sin el saberlo aún.

Fue al final del verano cuando comenzó a sentir los síntomas de la enfermedad, pero continuaba con su labor musical, día tras día. Intentando asimilar los fracasos y dando la justa importancia a los éxitos. ¡Fabricando belleza! ¡Regalando elegancia!.

Ni una inteligencia sublime, ni una gran iluminación, ni las dos cosas juntas forman el genio. ¡Amor!, eso es el alma del genio. (Contestaba Mozart a aquellos que frivolizaron con su talento)

La gente se equivoca al pensar que mi arte viene fácilmente a mí. Te aseguro que nadie ha dedicado tanto tiempo y pensamiento a la composición como yo.

El 30 de Septiembre, “La Flauta Mágica” se estrenaba ¡en Viena!, con un éxito absoluto.

Mozart, a pesar de sentirse débil, dirigía la ópera cada día y devolvía poco a poco las deudas que había contraído con sus amigos. Pasadas unas semanas experimentó una gran mejoría que le hizo pensar que la enfermedad remitía.

Tanto es así que animó a su querida Constanze para que partiese a Baden donde acudía regularmente para darse curas de aguas.

Todo parecía ir bien y Mozart continuaba con la composición del Réquiem. Como era su costumbre cuando componía no terminaba la obra al completo, sino que dejaba espacios en blanco de los que se sabía capaz de recordar pasado un tiempo. Tras el cual, completaba los huecos vacíos. Así aprovechaba al máximo el tiempo de trabajo, lo que le permitía llevar varias obras a la vez.

¡Seguro que se sonreiría al recordar como terminó su concierto para piano nº 27, gracias a esta técnica de composición!. ¡Tres años estuvo guardado hasta que lo rescató y completó!

¡Increíble talento y prodigiosa memoria!…, para ser considerado un simple “sirviente”. (Los músicos de la Ilustración eran catalogados como ciudadanos de tercera. Mozart nunca se identificó con ese rol social. Un buen ejemplo es su ópera “Las bodas de Fígaro”, donde el papel del sirviente (Fígaro) cobra mayor relevancia que el del Conde)

Pero pasados unos días, Mozart se sintió enfermo de nuevo. Debilitado y más susceptible, el Réquiem lo hundía más en la melancolía. Comenzó a obsesionarse con el hombre de gris en quien veía a un mensajero que venía acompañado de siniestros presagios.

De vuelta a Viena, una preocupada Constanze que había pedido consejo al médico de la familia, recomendaba a Mozart que aparcara por un tiempo el Réquiem y se dedicara a componer otras piezas, o simplemente descansara. (Nadie pensaba que fuera víctima de una grave enfermedad que hasta hoy se desconoce. Se barajaron varias causas: triquinosis, fiebre reumática, fiebre de mijo, etc. Hoy se piensa que pudo ser una faringitis que desencadenó con el tiempo en una inflamación renal, siendo ésta última la causante de su muerte)

Hizo caso a su esposa, y durante unos días se encontró mejor.

Ya en el balneario de nuevo, recibía sus optimistas cartas:

¡Amor ¡única!, están volando 2.999 besitos y medio, que esperan que los caces al vuelo. ¡Atrápalos en el aire!. Tu amado esposo.

¡Que lejos estaban los dos de pensar que a Mozart apenas le quedaban unas semanas de vida!

¡Cuanto la amó, y que feliz fue a su lado, a pesar de la tristeza que siempre le causó el que nunca fuese aceptada por su padre y su hermana Nannerl!

Constanze no es guapa, pero tiene unas facciones armónicas. Es mujer capaz de organizar su casa, a sus hijos y todos los papeleos que tanto detesto. Su belleza sale de dentro y es por eso que la amo tanto. Había escrito un Mozart lleno de sinceridad, pocos años después de su matrimonio.

En estos días compuso el “Concierto para clarinete Kv,622”. Animado por la mejoría escribiría: No sé porqué dije todas esas tonterías, en verdad me siento lleno de vitalidad y de fuerza. Y siendo como era, un hombre responsable, retomó el encargo de la misa de difuntos.

Entrado Noviembre su salud empeoró de nuevo. Sus cartas a Constanze eran tranquilizadoras y contenían el tono burlón y jocoso que empleaba con Süssmayr. (El discípulo de Mozart, dado el grado de confianza de que gozaba por parte del matrimonio, acompañó en varias ocasiones a Constanze durante sus curas)

Pero a pesar del tono tranquilizador, Mozart comenzaba a percibir que la enfermedad era más seria de lo que parecía. Que los síntomas no eran fruto de su carácter aprensivo, sino que realmente estaba muy enfermo. Esta vez fue consciente de que de verdad…, se moría.

Desde que había ingresado en la Masonería, su idea de la muerte, había adquirido unas connotaciones diferentes.

La muerte es la real finalidad de nuestra vida. Por ello es que de unos años a esta parte he hecho relación con esta verdadera amiga del hombre.

El haber pertenecido a esta Logia le había permitido aumentar sus conocimientos, tener mayores posibilidades de intercambiar ideas con otros intelectuales, o afianzar sus ideas sobre la igualdad entre los hombres, pero nunca dejó de ser un fiel seguidor de la Iglesia Católica.

En la época en que Mozart y su padre Leopold entraron a formar parte de la Francmasonería, ésta era considerada “Una prolongación ilustrada” de las creencias cristianas. Ser católico y masón no era excluyente, sino absolutamente compatible.

A pesar de sus ideas reconfortantes sobre la muerte, sintió el lógico temor e incertidumbre que experimenta todo hombre cuando intuye cercano ese momento. Pero incluso en aquellas circunstancias, primero era la obligación.

Hizo llamar a Sÿssmayr para darle instrucciones. No había tiempo para terminar el Réquiem y quería explicarle detalladamente como tenía que concluirlo.

Más no preocupó a su esposa; la familia de ésta lo visitaba a diario para cuidarlo y darle calor y apoyo. Sus amigos continuaban frecuentando su casa e incluso lo ayudaban en los ensayos.

Pasados unos días, su cuerpo estaba tan hinchado, que a penas podía moverse. Sufría vómitos y grandes dolores. Pero a pesar de todo repasaba mentalmente su Réquiem.

La parte vocal del “Confutatis” parece el espejo de los dictados de su alma en aquellos últimos días:

Rechazados ya los condenados

Llámame con los bienaventurados

Suplicante y humilde te ruego

Apiádate de mi última hora

La Lacrimosa, una de las partes más bellas y tristes del Réquiem, sólo pudo ser completada hasta el 8º compás.

Durante el ensayo cantó como pudo la parte de tenor y rompió a llorar. Quizás consciente de que nunca la podría terminar, o tal vez porque la letra reflejaba su situación con una sinceridad desgarradora:

Oh, día lleno de lágrimas

En el que el hombre resurgirá de las cenizas

Para ser juzgado por ti

¡Perdónales, Dios!

Piadoso Jesús

Dáles descanso eterno, Amen.

Habían pasado dos días desde que se despidiera de sus amigos, cuando le dijo a su cuñada Sophie:

Ahora debo irme tranquilamente, tal como me fue posible vivir. Ahora debo dejar mi arte, tal como me liberé de la esclavitud de la moda, rompí las ataduras de los especuladores y gané el privilegio de seguir mis propios sentimientos para componer libremente lo que mi corazón dictó.

Debo dejar a mi familia y a mis pobres hijos en el mejor momento en que podría haber cuidado de ellos.

¡Como me habría gustado escuchar mi Flauta Mágica una vez más!…

Sobre la medianoche comenzó a tener mucha fiebre y se hizo llamar al médico, que le puso unas compresas frías. La brusca bajada de temperatura provocó que perdiera el conocimiento…, ya no lo volvería a recuperar.

A las 12.55 de la madrugada del 5 de Diciembre de 1.791, Mozart dejó de respirar.

Su cuñada contaría más tarde que sus últimos suspiros parecían imitar los timbales del Réquiem.

No fue ni lluvioso ni demasiado frío, aquel 6 de Diciembre, sino un suave y fresco día de invierno. Después de haber cubierto su frágil cuerpo con una capa negra, quince compañeros de la Logia, con guantes y mandiles blancos, pusieron una rama de madera de acacia en la cabecera del ataúd. Entrando por la puerta Oeste de La Catedral de San Esteban, se dirigieron a la Capilla del Crucifijo, situada al aire libre. Colocaron el ataúd sobre un catafalco y tuvo lugar la bendición eclesiástica, para salir de nuevo al lado Norte de la Catedral, donde el coche fúnebre aguardaba para trasladar el féretro al cementerio de San Marx.

A su funeral asistieron sus amigos. Haydn, que no pudo estar presente porque residía en Londres, lo hizo con el corazón. Salieri estaba allí, apenado y en un segundo plano para no restar importancia al gran músico.

Constanze, rota por el dolor de la inesperada muerte, reunió el dinero (8 florines con 56 kreutzer) para pagar el entierro que le correspondía como músico: Un entierro de tercera clase, sin lápida, en una fosa comunitaria simple.

Fue enterrado con la única compañía del empleado del cementerio, porque así se hacía en una época en la que los camposantos eran foco de graves enfermedades.

Tiempo después Constanze obtuvo un permiso para colocar una lápida en la tumba de tierra, pero el empleado había olvidado el lugar exacto. Hoy día hay una horquilla de pocos metros cuadrados, alrededor del lugar donde se supone está enterrado el genial compositor. Una estatua nos recuerda el sitio aproximado donde descansa.

Como ha ocurrido con otros muchos artistas, al morir, el público se volcó en su música otorgándole una popularidad que perdura hasta nuestros días. ¡Una vez más el reconocimiento llegó tarde!.

Aunque sufrió la incomprensión del público, Mozart nunca dio demasiada importancia a los premios. Como aquella medalla de la “Orden de la Espuela de Oro” que le otorgó el Papa Clemente XIV, por haber sido capaz de copiar de memoria el Miserere de Allegri, guardado celosamente por el Vaticano. No la usó nunca ni la mencionó. (Le podía haber costado la excomunión pero tal proeza debió caer en gracia al Papa). Sin proponérselo había contribuido a que el Miserere de Gregorio Allegri estuviese al alcance de todos los mortales.

Ni tan siquiera en aquella ocasión, con tan sólo 14 años, lo imagino pavoneándose con su medalla. Sin embargo me encantaría poder escuchar su fuerte risa al recordar con su padre, cómo dos días después de copiarlo, regresó al Vaticano para oírlo de nuevo. (Sólo era interpretado dos veces al año; miércoles santo y viernes santo)

Dentro de su sombrero cuidadosamente doblado, llevaba el Miserere, que sacó con disimulo entre la multitud. ¡Se había arriesgado a perder su prestigio sólo para tener la oportunidad de corregirlo!.

Ese es el Mozart que queda en mis pensamientos: ¡El hombre que vivió absolutamente volcado en la música!. Ni siquiera la muerte fue capaz de robarle su alma de niño travieso y pícaro. Con un último guiño nos dejó su mayor tesoro. Y allí, en cada partitura, en cada nota…, está su alma. ¿Podéis oír sus carcajadas?.

Mozart se expresaba no solo con el alma, sino también con el aroma de su época, en toda la complejidad de sus deseos, sus luchas y la ambivalencia. A menudo nos encontramos con una actitud condescendiente hacia él, a su música. “Es muy agradable pero no para mí”, dicen estas personas. “A mí me devuelve la pasión Beethoven o Brahms”. Estos comentarios sólo revelan una cosa: ¡Esta gente no sabe de Mozart!.

Charles Gounod.

Para los más escépticos:

Minueto K 355. Es una composición única. Quizás fue un experimento, pues se desconoce la finalidad del mismo. Dicen que si la escuchas con el corazón se ven sonidos tan novedosos que recuerdan al muy posterior Jazz.

Quinteto para clarinete, K 581…, simplemente traspasará tu fibra y esa muralla de escepticismo.

Misa en Do mayor, K 427. Extrañamente no fue una misa por encargo. Se desconocen los motivos por los que la compuso. Se saltó todas las reglas establecidas para una misa (como no escribir sólo voces, no durar más de 45 minutos, etc), dejándose llevar por su impulso. (Imagino al pobre Leopold, prudente y obediente, viendo su puesto de trabajo en peligro. Colloredo estallando en ira y dando toques de orden a un Mozart, que harto de estar sometido presentaba su carta de renuncia)

Concierto para piano nº20, K466. Es una de sus piezas más bellas. Escrita en la misma tonalidad (menor) que el Réquiem o la ópera Don Giovanni, es una de las más dramáticas de su producción. En contra de lo que algunos piensan cuando la tachan de Beethoviana, fue al contrario, una fuente de inspiración para Beethoven, que admiraba profundamente este concierto y lo mantuvo en su repertorio durante sus inicios. Escribió varias cadenzas del mismo que se siguen interpretando actualmente. (Una cadenza, o cadencia es una porción de un concierto, improvisada o escrita, en el que la orquesta deja el protagonismo a un instrumento solista. Mozart escribió una en el final y el 3º movimiento de su Sonata para piano, K, 333. Las cadencias que escribió Beethoven para el concierto para piano de Mozart, K, 466,  fueron para la 3ª y los primeros movimientos del mismo)

Hay quien define este concierto para piano, K, 466 como ¡MÚSICA ABSOLUTA!

Ya suena su Pequeña Serenata Nocturna mientras elaboro este delicioso arroz, viendo las verdes praderas al frente. No es una metáfora, os lo prometo. El campo, Mozart, y yo cocinando…

¡Bienvenido, mi querido Amadé!.

Arroz con alcauciles y chirlas

Ingredientes:

  • 400 gramos de arroz “bomba”
  • 8 alcauciles (o alcachofas) medianos y tiernos
  • 1 diente de ajo
  • 350 gramos de chirlas
  • 200 gramos de gambas congeladas (optativo)
  • 2 o 3 tiras de pimiento rojo de asar
  • Un tomate maduro grande rallado
  • Un poco de harina para “la blanqueta”, o limón
  • Unas hebras tostadas de azafrán
  • Colorante alimentario (por si quieres subir un poco más el color)

Preparación:

Tenemos preparado un recipiente hondo con agua y harina, o con agua y varias rodajas de limón, o perejil. Son antioxidantes que ayudarán a que los alcauciles no se pongan oscuros, tras cortarlos.

Lavamos y cortamos las tiras de pimiento y las sofreímos en 6 cucharadas de aceite de oliva.

Sacamos del aceite y reservamos. Ponemos el ajo cortado en trocitos pequeños y cuando se comience a dorar, soltando así todo su aroma, incorporamos una chalota pequeña o media cebolleta cortada muy pequeñita. Dejamos hasta que esté transparente y echamos el tomate rallado.

Incorporamos, si queremos unas gambas congeladas, cuando esté el tomate. Sólo tienen que cambiar un poco de color y las sacamos. Las reservaremos a parte y las incorporaremos en el último minuto, antes del reposado. Así conseguiremos sacarles más sabor.

Una vez hemos sacado las gambas, apartamos el sofrito y limpiamos los alcauciles de la siguiente manera: Los lavamos bien y le quitamos las hojas más duras del exterior. Quitamos la pelusilla que tienen a veces en el centro y los partimos en cuatro trozos, o en dos, según lo grandes que sean. Inmediatamente los metemos en la blanqueta, que en mi caso no ha sido tal, sino agua con limón, pues su sabor le va bien a este arroz.

Tostamos el azafrán, metiéndolo en papel albal y dejándolo 1 minuto en una sartén, bien caliente. Preparamos el arroz, dejando para lo último las alcachofas. Calentamos el sofrito, si se ha enfriado, añadiendo las tiras de pimiento. Echamos las chirlas, que hemos tenido metidas en agua con sal y enjuagado después abundantemente, hasta que no tengan arena. Las escurrimos bien y les damos unas vueltas con cuidado, e incorporamos el alcaucil,  el arroz y el azafrán. (También se pueden sofreír aparte, como he hecho yo, para evitar que se rompan)

Una vez hemos puesto todos los ingredientes, cubrimos con el agua; el doble y un poquito más que de arroz, y le añadimos un poco de colorante alimentario y la sal al gusto.

Cuando falten unos minutos, probamos de sal y el punto de cocción. Apartamos según lo queramos más entero o menos el grano, a los 17, 18 minutos de cocción. Cubrimos con papel de aluminio por completo y dejamos reposar; 3 o 4 minutos.

Servimos y disfrutamos juntos.

¿Veis lo que os dije del campo verde?. Un plato económico y riquísimo. Nada que envidiar a los arroces con marisco que hoy pueden degustar unos cuantos menos…, entre los que yo me encuentro. ¿Creéis que un plato así no produce la misma felicidad?. ¡Probadlo por favor!…, ya me contaréis.

Un beso.

PASTEL DE MASA BRIE CON BRÓCOLI Y PALITOS DE CANGREJO.

27 Ene

Con unos ingredientes de bajo costo pero de la mejor calidad, vais a saborear un pastel lleno de nutrientes y riquísimo al paladar.

¿Verdad que ahora al verlo terminado os sugiere mucho más?. El surimi no es un ingrediente que se trabaje solo en frío, se me ocurre en unos buñuelos con gambas por ejemplo. Lo importante es que sea de buena calidad, pues incluso en productos económicos como estos palitos, los hay de diferentes calidades. Yo recomiendo los congelados, al menos para cocinar en caliente porque así no pierden la textura. El resto de ingredientes; verdura, lácteos y huevos, hacen de este plato un alimento completo que podemos acompañar de una ensalada verde o una crema de legumbres para completar el menú.

Pastel de brócoli y surimi

ingredientes:

  • 1 lámina de pasta brisa (fresca o congelada)
  • 200 gramos de palitos de cangrejo (congelados de tamaño grande, mejor que frescos)
  • 200 gramos de brócoli hervido durante 7 minutos en el agua justa que lo cubra y un poco de sal
  • 4 huevos medianos
  • 100 ml de leche
  • 200 ml de nata agria (o 200 gramos de queso cremoso)
  • 150 gramos de queso emmental
  • sal y pimienta

Preparación:

Ponemos la lámina de masa brisa sobre un molde desmontable de unos 25 cm de diámetro. Recortamos la masa sobrante presionando sobre la parte superior del molde, y pinchamos la base.

Repartimos por toda la base, garbanzos o alubias para evitar que la masa suba en su pre-horneado.

Metemos el molde en el horno pre-calentado a la temperatura que indique el fabricante, durante 8 o 10 minutos. Sacamos el molde y quitamos las legumbres con cuidado de no quemarnos. Reservamos la masa semi-cocida en el molde mientras preparamos el relleno del pastel.

Preparamos los ingredientes

Batimos los huevos y le añadimos la nata agria (o el queso cremoso)

Añadimos la leche y el queso emmental y volcamos la mezcla sobre la masa pre-cocida


Repartimos los palitos de cangrejo y el brócoli, en la mezcla anterior

Horneamos el pastel en el horno precalentado, según indique el fabricante de la masa. Tenéis que tener en cuenta que restaremos el tiempo de pre-cocción que no suele venir en las instrucciones. El mío ha tardado 20 minutos a 190º

Esperamos que esté templado, o incluso frío y os aseguro que os va a sorprender el rico sabor que tiene

Que os aproveche tanto al paladar como al bolsillo. Un abrazo

HOLA SOY COCO Y ESTO ES UN CALABACÍN

9 Ago

Hola a todos. Hoy me acompaña mi amigo Hilario Camacho. Despistada, despistida, ofuscada…, confundida. ¿Que hago hoy de comer para mi familia?.

Los “cuatro luceros”, vienen por la niña de los ojos negros”  con ese violín…

A pesar de la melancolía que me inyecta ésta canción (recuerdos de juventud), se hace la luz y decido hacer unos calabacines rellenos de queso, con hierbas provenzales y un “rastro sutil de coco”.

Madrid amanece y entre tinieblas de fiebre se abre paso la luz … pero tú no estabas sólo.

Allá donde estés, siempre estarás en nuestro corazón.

¡Gracias por tantos buenos momentos Hilario!

Calabacines rellenos de queso mascarpone, hierbas provenzales y un toque de coco

Ingredientes:

2 calabacines medianos

1 tarrina de queso mascarpone o  queso cremoso light

1 huevo

Una cucharada de hierbas provenzales, ó  al gusto

Un poco de pan rayado

Un pellizco de cayena molida (opcional, si te gusta un toque picante)

Una  cucharada de coco rayado

sal

Preparación:

Cortamos cada calabacín por la mitad  y cada mitad, la cortamos a lo largo, en dos.

En un bol ponemos, el queso, el huevo, las hierbas y el coco y mezclamos bien, hasta que todos los ingredientes se integren unos con otros.

Corregimos de sal, porque el queso ya es salado por sí mismo.

Rellenamos cada trozo de calabacín, con la farsa de crema de queso.

Ponemos un poquito de pan rayado en la parte central.

Introducimos en el horno, previamente precalentado a 175º, el tiempo que necesiten para estar tiernos y dorados.

Dependiendo del grosor del calabacín y de la cantidad de carne que hemos vaciado, unos 20 ó 30 minutos aprox.

Por cierto, mi amigo “coco”, que lo es de todos nosotros,  también me ha inspirado para añadir a esta deliciosa receta, un poquito de su esencia.

Frase del día: Il limone, limonchelo, te hará tocar el cielo. De los licores de limón que existen en el mercado, el limonchelo es magistral.

Simplemente con hielo picado y un poco de hierbabuena, ya es espléndido.

Acompañando una tarta de queso…

Después de una comida pesada, con menta…

Helado de queso mascarpone y limonchelo:

250 gramos de queso mascarpone

200 gramos de nata para montar

70 grmos de azúcar ó miel

4 cucharadas de limonchelo

Una pizca de sal

Batimos el queso con el azúcar y la sal.

Montamos la nata y la incorporamos delicadamente al queso, metemos en la heladera o el congelador.

PARA UN DESAVÍO

Tener un paquete de ahumados en el frigorífico, nos permitirá preparar unos aperitivos de lo más rico.

Huevas de maruca, cortadas en lonchas y acompañadas de almendras fritas saladas…

Atún, cortadito y acompañado de una pizca de manteca, sobre un pan caliente…

Bacalao, con un tomate triturado y regadito de aceite de oliva virgen…

DON CALABACÍN “ADORADO” EN EL HORNO

24 Jul

 

Hola a todos. Espero que hoy, a pesar de ser un sábado a finales de Julio, tengáis un ratito al volver de la playa, la piscina ó de tomar una deliciosa cerveza helada, y os asoméis a ver tranquilamente, tomando un té, éste, que ya es nuestro blog. Porque desde el momento que abrís la puerta y entráis, ya sois una parte del mismo.

Faltaría más!…adelante.

 

LASAÑA DE CALABACÍN CON HUEVO Y GAMBAS

 

Ingredientes:

  • 4 calabacines medianos
  • 5oo gramos de gambas congeladas ó 300 gr. Gambas frescas
  • 2 tomates grandes carnosos
  • 1 cebolla grande
  • 2 dientes de ajo
  • 2 paquetes de mozzarella fresca de 125 gr cada uno
  • queso rayado Parmigiano o Grana Padano
  • 2 huevos
  • 1 vaso de leche de almendras  (  ó utilizamos la que tengamos )
  • sal y pimienta blanca
  • Tabasco verde ( opcional )

 

 

Preparación:

En caso de que las gambas no sean frescas, las descongelaremos con unas horas de antelación, o en el microondas. Es importante que las sequemos bien, para la receta.

Lavamos muy bien, los calabacines y los cortamos, a lo largo, en lonchas, con su piel.

Los doramos medio minuto en la sartén, con un poco de aceite de oliva, les ponemos un poco de sal y reservamos.

Ponemos a dorar, en una sartén, el diente de ajo, cortado pequeñito y cuándo esté, incorporamos la cebolla, cortada de igual forma, y lo pochamos todo bien.

Secamos muy bien las gambas, sobre todo si son congeladas, y las salteamos con la cebolla ya pochada.

Cortamos los tomates en rodajas no muy gruesas, y los pasamos por una sartén antiadherente, vuelta y vuelta para que se doren un poquito y cojan ese sabor que dá la plancha. Ponemos un poquito de sal, muy poca, en cada rodaja.

Precalentamos el horno a 180º.

En un recipiente, resistente al horno, vamos colocando, una capa de calabacín, sobre él, una capita de cebolla con gambas, una rodaja de tomate y encima, una lonchita de mozzarella. Así, vamos formando capas hasta la última de arriba, que será de calabacín.

Batimos los huevos con la leche, salpimentamos la mezcla y lo vertemos sobre la lasaña.

Espolvoreamos de parmigiano o similar, y ponemos, al amor del horno,  unos 180º, hasta que se dore la capa de huevo y queso, unos 20 minutos.

Et voilà! Bon apetite.

 

Frase del día: Alí Baba y los 40 jamones

El jamón, manjar de dioses, y si es de bellota ¡ sublime placer !

Jamón con melón, endibias con jamón, con alcachofas de Tudela, con trucha… JAMÓN CON JAMÓN…

 

Serranito con carpaccio de ternera: 2 lonchas de jamón serrano ó mejor ibérico, 1 pimiento italiano frito, 4 lonchas muy finas de carpaccio de ternera envasado o realizado en casa.

Untamos un buen pan, con una fina capa de mantequilla, metemos el carpaccio  dentro y lo podemos en la tostadora, cuando esté listo, le añadimos el pimiento cortado a lo largo, y si es posible pelado y las lonchas de jamón.

Delicioso con un tinto joven o una birra fresquita.